miércoles, 20 de noviembre de 2013
Esvástica, el símbolo que no significa lo que crees.
Hoy en día resulta difícil imaginar un símbolo que tenga asociado un significado tan negativo y siniestro como el de la esvástica, popularizado en todo el mundo por el uso que hicieron de él los nazis, y por lo general interpretado como sinónimo de muerte, destrucción, racismo y totalitarismo.Paradójicamente, en realidad el origen de este signo –en síntesis una cruz de cuatro brazos doblados en ángulo de 90 grados–, se remonta a miles de años antes del surgimiento del nazismo, fue utilizado por gran parte de las culturas y civilizaciones del planeta y, además, hasta el ascenso al poder de Adolf Hitler había sido considerado casi siempre un símbolo de significado positivo.Los usos más antiguos de la esvástica –un término sánscrito que significa, literalmente, "muy auspicioso"–, parecen remontarse al neolítico y la Edad del Bronce, estando bien documentado su uso extendido en la civilización del valle del Indo –entre el 3300 y el 1300 a.C.–, y más tarde por todo el Mediterráneo, siendo muy popular entre las culturas de la Antigüedad clásica.Sin embargo, su uso más prolongado y habitual tuvo lugar en distintos rincones de Asia, y ha estado durante siglos vinculado a creencias religiosas como el hinduismo, el jainismo o el budismo. En todas estas tradiciones religiosas –y en muchas otras– sigue teniendo un significado positivo, siempre relacionado con la buena suerte, el éxito, la prosperidad o la fortuna.En el jainismo, los cuatro brazos de la esvástica –que forman parte de su símbolo oficial, el Jain Prateek Chihna, están vinculados con los cuatro gati –destinos– que, según esta creencia, puede tener el alma en los sucesivos ciclos de reencarnación: humano, animal, celestial y demoniaco.En el hinduismo, por su parte, se relacionan con los cuatro purushartha, los cuatro objetivos de la vida de los varones, citados en los Dharma Sastra: Dharma (el deber religioso), Artha (la riqueza que permite alcanzar el placer), Kāma (el placer) y Moksha (la liberación del ciclo de reencarnación).En el caso del budismo, la esvástica aparece habitualmente representada en el pecho de algunas estatuas de Buda, y por lo general significa "el todo" o "la eternidad".En época griega y romana la esvástica, en sus dos "versiones" –dextrógira y levógira, es decir, con los brazos "moviéndose" en el sentido de las agujas del reloj, o al contrario– se utilizó principalmente como motivo decorativo, apareciendo a menudo en mosaicos, tejidos y decoraciones murales como un patrón similar al de las grecas.En la prehistoria Europea, durante las edades del hierro y del bronce, la esvástica también tuvo un significado solar, y a menudo la esvástica se representó de formas variadas, por ejemplo con sus brazos curvos en lugar de rectos.Por otra parte, en algunas culturas europeas de raíces célticas parece haber estado relacionado igualmente con un simbolismo de tipo funerario, vinculándose con las puertas del nacimiento y de la muerte, dependiendo de si sus brazos eran dextrógiros o levógiros.En el cristianismo, sorprendentemente, la esvástica también se utilizó a menudo como forma de decoración en algunas iglesias y templos medievales, bien en mosaicos como los que cubren parte del suelo de la catedral de Amiens (Francia), bien en los muros exteriores, generalmente como variación de la cruz de Cristo.Ya en épocas más recientes, y antes de que esta singular cruz de cuatro brazos acabara identificándose con el nazismo, la esvástica fue empleada como símbolo de buena suerte entre algunos pilotos a comienzos de siglo XX. De hecho, fue utilizada como insignia por la Fuerza Aérea Finlandesa entre 1918 y 1945.También formó parte del emblema de la marca cervecera Carlsberg desde mediados del siglo XIX, aunque la compañía danesa dejó de utilizarla cuando los nazis llegaron al poder, debido a sus ya negativas connotaciones.En su Mein Kampf, Hitler identificó el signo de la esvástica con la raza aria, después de que el movimiento völkisch hubiera interpretado de forma interesada los textos de Heinrich Schliemann sobre este símbolo, que el arqueólogo había descubierto en sus excavaciones de Troya. Desde entonces, el milenario símbolo nunca volvió a ser visto del mismo modo.Bastó apenas un cuarto de siglo –tiempo durante el cual los nazis hicieron uso de la cruz gamada, entre 1920 y 1945– para cambiar de forma radical la percepción sobre un símbolo que, durante miles de años, había sido interpretado de forma positiva.
http://es-us.noticias.yahoo.com/blogs/blog-de-noticias/esvástica--el-símbolo-que-no-significa-lo-que-crees-161911671.html
martes, 12 de noviembre de 2013
Los yanomamis denuncian la minería ilegal y la falta de atención sanitaria .
Los indígenas yanomamis de Brasil y Venezuela se reunieron el mes pasado en este último país para hablar sobre derechos indígenas y políticas nacionales. Funcionarios del Gobierno de ambos países, organizaciones indígenas y ONG que trabajan con los yanomamis también estuvieron presentes.
En el encuentro se debatió sobre las problemáticas sanitarias y el impacto de la minería de oro. Muchos yanomamis de ambos países continúan sufriendo severamente el impacto de los mineros ilegales en su territorio.
En una carta abierta los yanomamis manifiestan que: “La situación es muy grave en la frontera de Brasil con Venezuela, donde se han instalado campamentos mineros ilegales que producen violencia, epidemias, destrucción de nuestras tierras y contaminación de los ríos (…) No es posible tener buena salud si no tenemos nuestro territorio protegido”.
“También es importante comprender que para nuestra buena salud y la protección de nuestras tierras se necesitan acciones articuladas de los dos gobiernos que incluyan la participación de las organizaciones indígenas”.
Piden que el territorio yanomami en Venezuela sea demarcado y completamente reconocido de acuerdo con la constitución, que garantiza los derechos territoriales colectivos de los pueblos indígenas.
La carta expresa su gran preocupación ante la intención de ambos gobiernos de abrir el territorio de los yanomamis y de otras tribus a la minería a gran escala: “Exigimos que nos consulten sobre estos proyectos y manifestamos que estamos en contra porque amenazan nuestra vida”.
Los participantes del encuentro recordaron la masacre de 16 yanomamis perpetrada por un grupo de buscadores de oro en Haximú, hace veinte años. Representantes de las organizaciones yanomamis Horonami y Hutukara advirtieron de que esto podría repetirse nuevamente si ambos gobiernos no adoptan medidas adecuadas para detener la invasión de los buscadores de oro.
El pasado mes de agosto, la ONU expresó su profunda preocupación por la impunidad de los mineros ilegales que cometen actos de agresión y violencia contra los yanomamis.
Solicitó a Venezuela que llevara a cabo una investigación“exhaustiva” entre los responsables de crímenes violentos contra los yanomamis y la tribu yukpa del occidente venezolano para sancionarlos acorde a lo establecido.
El informe de la ONU señala que la violencia en contra de los yukpas a manos de terratenientes es una consecuencia de la incapacidad del Gobierno para demarcar el territorio de la tribu e insta a que se acelere dicha demarcación.
http://www.survival.es/noticias/9715
jueves, 17 de octubre de 2013
Los países con más esclavos en el mundo.
Casi 30 millones de personas en el mundo viven en condiciones de esclavitud, de los cuales la mayor parte viven en India, China, Pakistán y Nigeria, de acuerdo con un nuevo estudio.
El Índice de Esclavitud Global, publicado por la fundación australiana Walk Free, señala a India como el país con más esclavos, con un estimado de 14 millones, seguido por China, con 2,9 millones, y Pakistán, con 2,1 millones.
Los 10 países en las primeras posiciones de la lista representan más de las tres cuartas partes de los 29,8 millones de personas que viven en esclavitud. Estos son: Nigeria, Etiopía, Rusia, Tailandia, República Democrática del Congo, Myanmar y Blangladesh.
Sin embargo, los países con la mayor proporción de esclavos entre su población se encuentra Mauritania en primer sitio, con cerca del 4% de sus 3,4 millones de habitantes esclavizados, seguido de Haití, Pakistán, India, Nepal, Moldavia, Benin, Costa de Marfil, Gambia y Gabón.
El índice, que según sus autores contiene los datos más completos sobre las condiciones de la esclavitud en el mundo, es producto del compromiso contra la esclavitud del magnate minero y filántropo australiano Andrew Forrest.
Forrest, quien se ubicó en la lista de Forbes como el quinto hombre más rico de Australia con un estimado de 5.700 millones de dólares, adoptó la causa luego de que su hija fue voluntaria en un orfanato de Nepal en 2008, situación que la puso en contacto con víctimas de trata. Forrest es uno quienes apoyan la idea del multimillonario Warren Buffet, quien aboga por la donación de la mitad de las fortunas para causas filantrópicas.
El índice, basado en 10 años de investigación y producido por un equipo de cuatro autores apoyados por otros 22 expertos y asesores, es la edición inaugural de lo que será un reporte anual sobre la esclavitud. Este indicador mide a 162 países de acuerdo con el número de personas viviendo en esclavitud, el riesgo de esclavitud y la respuesta del gobierno al problema.
La jefa de política e investigación de Walk Free, Gina Dafalia, dijo que el reporte está destinado a poner en los reflectores el problema y cuantificar su extensión antes de que se pongan en acción programas para atacarlo. Hasta ahora, Walk Free ha comprometido un total de 100 millones de dólares para erradicar la esclavitud.
El índice da un número mayor de esclavitud a nivel mundial que otros reportes, como el de la Organización Internacional del Trabajo, que el año pasado estimó en 20,9 millones el número de esclavos.
Dafalia dice que la diferencia es por el uso distinto del término de esclavitud, que incluye trata, trabajo forzado, así como prácticas como el matrimonio forzado y la explotación infantil.
El reporte define a la esclavitud como "la posesión y el control de una persona de tal manera que se prive a esa persona de su libertad individual, con la intención de explotar a esa persona a través de su uso, manejo, beneficio, transferencia o disposición. Normalmente se alcanzarán este ejercicio a través de medios tales como la violencia o las amenazas de violencia, engaño y/o coerción".
http://cnnespanol.cnn.com/2013/10/17/los-10-paises-con-mas-esclavos-en-el-mundo/
domingo, 13 de octubre de 2013
1492: La maldición de Malinche en América Indígena y Latina .
"Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados, eran los hombres barbados de la profecía esperada"…
España, país de la península ibérica, con más de 47 millones de habitantes, tiene una data histórica tan antigua como el mismo continente que le alberga. En años anteriores -en el 2010- España fue considerada por las Naciones Unidas como el país N°23 en el índice de Desarrollo Humano del planeta. Y en sus mejores momentos –hacia el 2005- ocupó el puesto N°5 en el ranking de los países con mayor PIB de la euro zona, luego de Italia, Reino Unido, Francia y Alemania con el primer lugar.Sin embargo, en pleno siglo XXI se encuentra sumida en una de sus peores crisis económicas de su historia, llegando a un índice de desempleo del 27%, según datos en este año 2013. Más de 6.000.000 de seres humanos viven hoy las consecuencias de un modelo económico colapsado, exponiendo cada día a la ciudadanía a la incertidumbre de la cesantía, a la precarización de su vida personal y social, al deterioro de su salud mental y familiar.Históricamente, España ha tenido distintas etapas de Conquistas y Reconquistas. Estuvo dominada por casi 8 siglos por el poderío musulmán del oriente. Es a partir del Siglo XVI donde se constituyó en una de las potencias monárquicas –junto a Portugal- más importantes del viejo continente europeo.En la España contemporánea –a partir de la Ley 18 de 1987- el "descubrimiento de América" es celebrado como "Día de Fiesta Nacional" con desfiles militares, presencia de la Familia Real, representaciones oficiales de las 17 Comunidades Autónomas y los representantes de los 3 Poderes del Estado español. Recién en el año de 1992 -en la denominada "Celebración de los 500 años"- uno de los descendientes directos de Cristóbal Colón fue nombrado como Almirante de la Real Armada Española. Con este gesto, el gobierno español quiso reivindicar el papel decisivo de Colón frente a la potente conquista española en territorios indoamericanos.Mientras ellos celebran, los pueblos indígenas originarios de América Latina se reorganizan para protestar contra la imposición de un sistema de vida de matriz occidental eurocéntrica, se movilizan para reivindicar sus derechos colectivos pisoteados por siglos, se articulan en redes y movimientos para impulsar sus luchas de resistencia contra las empresas transnacionales del comercio, la alimentación, la energía y la gran minería, entre otras."Se oyó la voz del monarca de que el dios había llegado y les abrimos las puertas por temor a lo ignorado"…Fue el sueño de un navegante apátrida –aún se discute su procedencia de origen, pero hay una tendencia a naturalizarlo como genovés (Italia)- el que cambiaría el rumbo de la historia de la Corona Española y para los pueblos indígenas conquistados del llamado "Nuevo Mundo": fue Cristóbal Colón, hijo de su historia y precursor de la invasión, quien abrió el camino al poder político monárquico español y al poder religioso de la Iglesia Cristiana Católica para que se aposentaran hasta nuestros días de forma indefinida en estas tierras castigadas y oprimidas por la invasión del Imperio colonial español, liberadas parcialmente recién a principio del siglo XIX con la creación de las jóvenes repúblicas criollas.Se le atribuye a Guanahani –hoy Islas Bahamas de la Comunidad Británica de Naciones- el nombre de la isla descubierta por el navegante donde realizó el desembarco un 12 de octubre de 1492, pensando que había llegado a Indias. Colón re-bautizó a Guanahani como San Salvador y la adjudicó para el Reinado de España, en pleno proceso de reactivación económica debido a los gastos de las grandes cruzadas contra los musulmanes. Sin embargo, los acontecimientos tienen sus paradojas. Oficialmente, el reconocimiento en la historia se lo llevó el italiano Américo Vespucio (por una mención honorífica equivocada del cartógrafo Martín Waldseemüller, en 1507) como el descubridor del hallazgo del nuevo continente: América.
"Iban montados en bestias como demonios del mal, iban con fuego en las manos y cubiertos de metal… solo el valor de unos cuantos les opuso resistencia y al mirar correr la sangre se llenaron de vergüenza"…
Este acontecimiento histórico ha pasado a denominarse en la historia oficial occidental como el "descubrimiento", mientras que para la historia no oficial -de los verdaderos habitantes indígenas originarios de América- siguen creyendo que lo que sucedió fue una catastrófica y mutilante "invasión" premeditada y calculada por los poderes políticos y religiosos de la época. Desde aquel momento, los pueblos y culturas asentadas en estos territorios vivirían una de las dominaciones más controvertidas de la historia de la humanidad: el doble vínculo de complicidad entre la Espada y la Cruz.Con el tiempo, esta conquista tomó forma de una invasión comercial y colonizadora de gran magnitud, no solo por parte del Reino de España, también más adelante de otras potencias europeas en expansión, tales como lo fueron el imperio portugués, el imperio británico, el imperio francés y imperio de los Países Bajos. Se pasó desde la locura aventurera de un navegante hacia la codicia irracional del capitalismo emergente desde Europa. De "terra incógnita" a "terra nova" para explorar y usufructuar riquezas y territorios ajenos. Muchas de las riquezas que hoy ostentan los denominados países desarrollados, es fruto del sufrimiento, de la explotación y de la sangre derramada por miles y millones de indígenas indoamericanos.¿Qué encubrimientos históricos y sociales hay detrás de este acontecimiento a 521 años de la invasión imperial colonizadora?
"Porque los dioses ni comen ni gozan con lo robado y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado… en ese error entregamos la grandeza del pasado y en ese error nos quedamos 300 años esclavos"…
Poco se comenta del plan operado por la monarquía española con la jerarquía eclesiástica católica europea, respecto a la indoctrinación religiosa y política de esta invasión.. Señalar que fue Rodrigo de Borja -Borgia, en italiano- de origen valenciano (España), que luego a partir de 1492, como Papa Alejandro VI fue el que políticamente definió los límites territoriales entre el Reino de España y el Reino de Portugal, a través de un conjunto de Bulas pontificias. Entre ellas, la "Breve Inter caetera", las Bulas menores "Inter caetera" y la "Eximiae devotionis" y finalmente, la "Dumun siquidem", todas ellas emitidas en el año de 1493.Queda en evidencia el favoritismo que el Papa otorga los Reyes Fernando e Isabel concediendo el dominio y demarcación sobre las tierras descubiertas. Además, este Papa promovió abiertamente el monopolio comercial para el reino de España, incluyendo pena de excomunión para aquellos que se osasen desobedecer a los Reyes Católicos. La lucha por el poder no quedaría allí. Este nepotismo trajo consigo la molestia del Rey portugués, Juan II y para que todo quedara en paz se emitió el conocido Tratado de Tordesillas (1494), el cual establecía el reparto de zonas y territorios conquistados por ambos reinos. El Papa Alejandro VI nunca confirmó el Tratado, sino que fue con el Papa Julio II en 1506, quien a través de la Bula "Ea quae pro bono pacis" confirmó -y sacramentó ad eternum- el destino del Nuevo Mundo y el destino para las actuales generaciones humanas de América.Hasta hoy los historiadores no han podido evidenciar las negociaciones que se llevaron en secreto entre el Papa y los Reyes españoles. Toda evidencia de aquel tiempo fue misteriosamente desaparecida o simplemente destruida. Rodrigo de Borja quedó registrado en la historia de la humanidad como parte de una "leyenda negra", donde siendo Papa estuvo involucrado en intrigas, conspiraciones y simonías de tipo económico, político y religioso. El poder terrenal y la gloria divina fueron parte de su controvertida, ambiciosa y lujuriosa personalidad. La indoctrinación religiosa, la tortura y la hoguera fueron los instrumentos privilegiados para hacer desaparecer los vestigios de un desarrollado y glorioso pasado ancestral.
"Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero… hoy les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrios y damos nuestra riquezas por sus espejos con brillos"…
En el discurso oficial del "descubrimiento" se sigue minimizando el costo humano, social y cultural que significó esta invasión. Todavía, la versión oficial occidental está presente en los sistemas educativos contemporáneos a través de la indoctrinación social, política y cultural eurocentrista. Un paradigma relatado oficialmente sólo en versión de los "vencedores".Pero poco se comenta en las escuelas del brutal exterminio de más de 60 millones de hombres y mujeres de culturas milenarias asentadas y desarrolladas en tiempos de la conquista. Poco se comenta de la esclavitud y explotación sometida a la población indígena a causa de la ambición por el oro y de las demás riquezas que se llevaron al viejo continente. Poco se comenta de la destrucción de espacios sagrados, de la invisibilización de conocimientos astronómicos y de la sabiduría ancestral de estos pueblos y culturas.
Hoy las democracias burguesas latinoamericanas todavía funcionan con el paradigma occidental hegemónico, heredados de la hispanidad y del eurocentrismo. En nuestros tiempos, a pesar de que existe el Convenio Internacional Nº 169 de la OIT para los pueblos y asuntos indígenas, la mayoría de las actuales democracias latinoamericanas todavía se constituyen en un serio obstáculo para la verdadera emancipación de los pueblos y movimientos indígenas. Hay avances, hay iniciativas, pero son insuficientes hasta el momento. La mayoría de estas democracias realizan solo meras "adaptaciones" institucionales y coloridos "maquillajes" culturales para minimizar la crítica internacional.
"Hoy en pleno siglo 20 nos siguen llegando rubios y les abrimos la casa y los llamamos amigos… pero si llega cansado un indio de andar la sierra lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra"…
En la actualidad existen innumerables movimientos de resistencias indígenas en distintos puntos del continente (ver: www.servindi.org). Sin embargo, cualquier intento de protesta se minimiza con la supuesta versión ideológica de la "celebración del descubrimiento", complementada con políticas de Estado que subrepticiamente promueven segregación, la indiferencia y el ocultamiento cultural. Hoy en pleno siglo XXI se continúa silenciando la discriminación étnica a nivel continental, se continúa ejerciendo violación a los derechos humanos y colectivos de los pueblos indígenas originarios, se continúa invisibilizando su participación protagónica, se continúa despreciando su particular cosmovisión del mundo y la sociedad.
Por ello, cada 12 de octubre, urge reivindicar y reconocer la lucha por la resistencia y liberación ofrecida por muchos líderes indígenas del continente, tales como Cuauhtémoc en México, Atonal en El Salvador, Guaicaipuro y Tamanaco en Venezuela, los Quimbaya en Colombia, Rumiñahui en Ecuador, Tupac Amaru en Perú, Tupac Katari en Bolivia, Lautaro en el sur de Chile, por nombrar los más emblemático. En estos 521 años de resistencia se llevaron a cabo cientos de rebeliones y alzamientos indígenas invisibilizados premeditadamente en la historia oficial occidental, ahora controlados bajo la servidumbre del indolente modelo de civilización capitalista neoliberal globalizante.
Personajes sensibles y visionarios fueron los que muchas veces salieron en la defensa de los derechos de los indígenas, como por ejemplo en el siglo XVI fue Bartolomé de las Casas (los historiadores hablan de aproximadamente 50 misioneros que se destacan como defensores de de los derechos de los pueblos indígenas) o como Mons. Leonidas Proaño en el Ecuador, o como James Anaya en EEUU entre los más destacados en plena época contemporánea. Pero existen muchísimos más y cada país, cada región, cada comunidad tendrá sus propios defensores y líderes indígenas, aún anónimos en la historia oficial occidental.Finalmente, se puede concluir que toda esta aventura de invasión imperialista iniciada en 1492 fue parte de un gran "Plan de Conquista" pensado desde Europa y para Europa.
"Maldición de Malinche" seguirá resonando insistentemente en las mentes de millones de hombres y mujeres que se han desclasados étnica y culturalmente.
Por Leonel Reyes Fernandez*
http://servindi.org/actualidad.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Los Marco Polos del siglo XXI.
La voluntad de migrar está en nuestro ADN. Hay en el acto de moverse todo un deseo de superación que ha constituido la base de la resistencia del ser humano, la esencia de su supervivencia como especie. Se migra para escapar de la pobreza, de las guerras, de las hambrunas, de catástrofes naturales, pero también para conocer nuevos mundos, para saber, para vivir, para experimentar, para aprender, para prosperar. Así ha sido siempre y así sigue siendo en la actualidad.
La historia de las personas que viajan a otros países sin nada es la gran odisea contemporánea, protagonizada por Marco Polos a los que las experiencias y el conocimiento acumulados en sus trayectos les cambia la mirada y el alma. A lo largo de sus viajes se van adhiriendo a su piel más vivencias de las que nunca tendrán esos hombres occidentales que, encerrados en sus despachos de perspectiva limitada, llevan la batuta de gobiernos y finanzas.
Los harragas, los jóvenes dispuestos a ‘quemar’ las fronteras -como se dice en árabe- representan una de las máximas constataciones de la desigualdad que marca el mal funcionamiento de este planeta, en el que se condena a la clandestinidad a las personas sin papeles. Algunos migrantes no logran culminar el viaje y terminan engrosando ese enorme cementerio anónimo e ignorado sumergido en las profundidades del mar Mediterráneo o escondido entre el desierto del Sáhara. Conscientes de su posible destino, cada vez son más los que, en el punto de partida, pegan a su cuerpo con cinta adhesiva un papel plastificado con números de teléfono de sus familiares.
Dice el periodista italiano Gabriele del Grande, al que todos deberíamos leer para conocer y comprender el drama de los migrados, que “hay una guerra mundial contra los pobres” y nuestros países combaten en ella. Los naufragios de pateras son crónicas de muertes anunciadas y fomentadas por las políticas de los gobiernos europeos, que apuestan por elevar muros, reforzar fronteras y excluir de sus territorios a quienes no dispongan de recursos económicos.
Hay en la discriminación de los migrantes toda una lucha de clases contemporánea y simbólica. Se conceden visados a quienes tienen determinadades cantidades de dinero en el banco; se niega el permiso de entrada a quienes no disponen de recursos económicos. Se prohíbe el paso a los que menos tienen, ignorando la enorme riqueza social y cultural que tantos ‘pobres’ podrían proporcionarnos para complementarnos como ciudadanos.
Se destinan millones de euros para evitar la entrada a Europa de personas que en muchos casos merecerían el derecho de asilo -y que de hecho huyen de guerras o expolios en los que nuestros gobiernos participan directa o indirectamente-, perpetuando así la gran metáfora del uno por ciento encerrado en su torre de marfil, dispuesto a atacar a los otros para poder preservar su riqueza, concentrada en su codicia.
El modelo actual de nuestros países se asienta sobre el principio de desigualdad: explotamos materias primas de terceros, elevamos barreras para impedir el paso de personas y de los productos que hacen competencia a los nuestros, mientras permitimos la libre circulación de mercancías, dinero, armas, divisas, turistas. El poder favorece a las entidades financieras y sacrifica a las personas. Desde hace años Europa barre hacia fuera, externalizando sus fronteras, para que los migrantes mueran lejos de nuestras costas y de nuestra conciencia, en países vecinos dirigidos por dictadores ‘amigos’.
El modelo actual de nuestros países se asienta sobre el principio de desigualdad: explotamos materias primas de terceros, elevamos barreras para impedir el paso de personas y de los productos que hacen competencia a los nuestros, mientras permitimos la libre circulación de mercancías, dinero, armas, divisas, turistas. El poder favorece a las entidades financieras y sacrifica a las personas. Desde hace años Europa barre hacia fuera, externalizando sus fronteras, para que los migrantes mueran lejos de nuestras costas y de nuestra conciencia, en países vecinos dirigidos por dictadores ‘amigos’.
Tras la muerte de al menos 250 personas en el naufragio de Lampedusa, la Comisión Europea ha pedido el refuerzo de su misión en el Mediterráneo para interceptar pateras con inmigrantes a bordo a través de lo que denomina “operaciones de rescate”. Por rescate entienden la detención de personas que huyen de la pobreza. Cómo triunfan los eufemismos.
El dramático naufragio de Lampedusa no es un hecho aislado. Las personas que durante estos años han perdido la vida en las aguas del Mediterráneo o en el desierto, en viajes sin las mínimas garantías de seguridad, asumen riesgos tantas veces mortales porque los gobiernos europeos les cierran la posibilidad de otro tipo de entrada. El peligro no desaparece cuando alcanzan nuestro territorio. Aquí les aguardan cárceles por el simple hecho de no tener papeles, maltrato, criminalización, redadas policiales o expulsiones oficiales violentas que a veces les provocan la muerte.
Decía John Berger que la emigración es la experiencia que mejor define nuestro tiempo. En un mundo tan globalizado como el actual, donde nunca antes habíamos estado tan conectados, donde la diferencia entre ricos y pobres continúa creciendo, la migración no solo es una realidad, sino un derecho. Quienes intentan ejercerlo no solo luchan por una vida mejor, sino que, consciente o inconscientemente, están reivindicando un mundo más justo e igualitario.
Por mucho que se trate de posponer el debate, lo cierto es que los derechos y las necesidades de millones de personas condenadas a la pobreza son realidades incuestionables. Ante ellas, los dirigentes europeos apuestan por la exclusión, que es una forma de guerra. El discurso dominante las presenta desprovistas de identidad propia, atrapándolas en esa abstracción denominada “inmigrantes”, condenándolas a ser, en el mejor de los casos, simples víctimas, negándoles y negándonos toda su riqueza cultural y vital.
Nuestros gobiernos pretenden que aceptemos la desigualdad como algo natural e inevitable, desde nuestra presunta condición de privilegiados. Afortunadamente, cientos de barrios, de asociaciones vecinales, de organizaciones solidarias, cuestionan semejante máxima, enriqueciéndose, mezclándose, revitalizándose con el sonido de otras músicas, con la pronunciación de otros acentos, con el relato de otras culturas, con la fuerza de otras formas de vivir, con la presencia de otras sensualidades, con la acogida de los otros. Los otros, que también somos nosotros...
El dramático naufragio de Lampedusa no es un hecho aislado. Las personas que durante estos años han perdido la vida en las aguas del Mediterráneo o en el desierto, en viajes sin las mínimas garantías de seguridad, asumen riesgos tantas veces mortales porque los gobiernos europeos les cierran la posibilidad de otro tipo de entrada. El peligro no desaparece cuando alcanzan nuestro territorio. Aquí les aguardan cárceles por el simple hecho de no tener papeles, maltrato, criminalización, redadas policiales o expulsiones oficiales violentas que a veces les provocan la muerte.
Decía John Berger que la emigración es la experiencia que mejor define nuestro tiempo. En un mundo tan globalizado como el actual, donde nunca antes habíamos estado tan conectados, donde la diferencia entre ricos y pobres continúa creciendo, la migración no solo es una realidad, sino un derecho. Quienes intentan ejercerlo no solo luchan por una vida mejor, sino que, consciente o inconscientemente, están reivindicando un mundo más justo e igualitario.
Por mucho que se trate de posponer el debate, lo cierto es que los derechos y las necesidades de millones de personas condenadas a la pobreza son realidades incuestionables. Ante ellas, los dirigentes europeos apuestan por la exclusión, que es una forma de guerra. El discurso dominante las presenta desprovistas de identidad propia, atrapándolas en esa abstracción denominada “inmigrantes”, condenándolas a ser, en el mejor de los casos, simples víctimas, negándoles y negándonos toda su riqueza cultural y vital.
Nuestros gobiernos pretenden que aceptemos la desigualdad como algo natural e inevitable, desde nuestra presunta condición de privilegiados. Afortunadamente, cientos de barrios, de asociaciones vecinales, de organizaciones solidarias, cuestionan semejante máxima, enriqueciéndose, mezclándose, revitalizándose con el sonido de otras músicas, con la pronunciación de otros acentos, con el relato de otras culturas, con la fuerza de otras formas de vivir, con la presencia de otras sensualidades, con la acogida de los otros. Los otros, que también somos nosotros...
Hay en esta convivencia diaria todo un desafío a la uniformidad de lo inmóvil, a las puertas cerradas, a los muros elevados, a los lugares exclusivos, a la infranqueable Europa de alambradas de espino y fortalezas de cemento que expulsa o acepta a personas en función de las necesidades de mano de obra semiesclava y precaria.
En el idioma wólof, que se usa en Senegal, Gambia o Mauritania, solidaridad se dice ‘yapalante’. Toda una hermosa casualidad. Pero hay una Europa gris y vieja que prefiere dar la espalda a la solidaridad, condenando a los otros a la muerte o a la clandestinidad. Y con ello, condenándose a sí misma.
En el idioma wólof, que se usa en Senegal, Gambia o Mauritania, solidaridad se dice ‘yapalante’. Toda una hermosa casualidad. Pero hay una Europa gris y vieja que prefiere dar la espalda a la solidaridad, condenando a los otros a la muerte o a la clandestinidad. Y con ello, condenándose a sí misma.
martes, 24 de septiembre de 2013
Tribus indígenas aisladas del mundo.
¿Te has preguntado cuántas tribus sin contacto con la sociedad moderna existen en el mundo? Bien, hoy hablaremos de ello, ya que hasta mediados de agosto de 2013, los Mashco-Piro se habían negado a contactarse con el mundo exterior.Esta tribu de la Amazonia peruana es una de las etnias indígenas que se mantuvo durante toda su historia aislada del mundo. Según algunas informaciones, este rechazo ha llegado al punto de que en el pasado los Mashco-Piro se han resistido con la violencia a este acercamiento por parte de personas provenientes de la "civilización".Se estima que en todo el mundo pueden ser alrededor de 100 las tribus indígenas aisladas del mundo voluntariamente, aunque los datos no son muy claros. Las investigaciones han revelado que Brasil es el país que maneja los datos más precisos al respecto. Según información recogida a través de reconocimientos aéreos y entrevistas a miembros indígenas que han decidido tener contacto exterior, serían casi 80 las tribus que viven en una cerrazón total respecto a la civilización. Recordemos que hace unos años un antropólogo descubrió una tribu desconocida en Brasil.El resto de las tribus con el mismo estilo de vida están salpicadas por la Amazonia peruana, con unas 15 comunidades, Nueva Guinea, con una docena de tribus, y alrededor de dos grupos en la Isla de Andaman, en la costa de India. Estos datos los obtuvo la organización Survival International, organización que defiende el derecho de los indígenas con sede en Londres.A pesar de su ostracismo absoluto, miembros de Survival sostienen que la mayoría de estas comunidades han tenido un contacto mínimo con el exterior, principalmente con otras tribus, y en algunos casos, con miembros de estas tribus que han tenido algún contacto con el mundo "avanzado".
Violencia
A pesar del retraso educativo y tecnológico de estas comunidades indígenas, los investigadores han descubierto que este rechazo no es casual, y se produce porque el contacto que estas tribus han tenido con el exterior en el pasado ha sido traumático para ellas.Por ejemplo, en el caso de los Mashco-Piro, se sabe que han tenido que huir de su espacio propio por las masacres de las que fueron víctima por parte de las compañías de caucho que se instalaron en su territorio a finales del siglo XX.En el caso de las regulaciones nacionales respecto a estas tribus, las leyes de Perú y Brasil prohíben el acercamiento forastero a las zonas en las que estas viven. Según los gobiernos, estás leyes buscan preservar su estilo de vida en un entorno acorde a sus necesidades.A pesar de la cerrazón de estas comunidades, algunos antropólogos creen que instrumentos de la sociedad moderna como la medicina, las herramientas de metal o la educación, pueden implicar una atracción para los miembros de estas tribus de vida primitiva. El hecho es saber si estos elementos serán suficientes para acercarlos, puesto que a pesar de la ausencia de información, las tribus como los Mashco-Piro, parecen percibir que en la sociedad avanzada no todo lo que brilla es oro.
http://www.ojocientifico.com/4757/tribus-indigenas-aisladas-del-mundo
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Cuando en EEUU se confinó a miles de japoneses en campos de concentración.
Durante el último cuarto del siglo XIX y las primeras cuatro décadas del XX, un importantísimo flujo migratorio proveniente desde Japón llevó hasta los Estados Unidos a cientos de miles de nuevos ciudadanos que llegaron hasta allí con la intención de labrarse un futuro y acoplarse a sus leyes y costumbres.Eran trabajadores disciplinados, arraigados a una cultura milenaria la cual supieron adaptar a los nuevos tiempos y lugar de residencia. La numerosa colonia de emigrantes de origen japonés que durante tantos años vivió de manera tranquila y próspera en su nuevo país de acogida sufrió un duro revés y la persecución por parte de las autoridades a raíz del ataque a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941.De la noche a la mañana, las personas de ascendencia nipona se convirtieron en 'el gran enemigo de los EEUU’, siendo señalados y culpabilizados de lo ocurrido en la base naval de la armada estadounidense en Hawai.Entre la población comenzó a surgir diferentes teorías conspiranoicas que aseguraban que numerosos grupos nipones se estaban organizando en el oeste del país para llevar a cabo nuevos ataques y sabotajes hacia intereses norteamericanos.Esta histeria colectiva del resto de ciudadanos provocó que, desde la administración del Presidente Franklin Delano Roosevelt, se decidiera tomar drásticas medidas para controlar a todo aquel que tuviera algún tipo de relación (directa o indirecta) con los intereses japoneses.Para ello, a través de las órdenes ejecutivas 9066 y 9102 avaladas desde la presidencia, se creó la ‘War Relocation Authority’ y se comenzó a construir una serie de campos de concentración en los que se internaría a todas aquellas personas de origen y/o descendencia japonesa.Tres eran los motivos que llevaba a Roosevelt a apoyar tal decisión; por un lado se podría tener controlada a ese grupo de población y averiguar e intentar aplacar cualquier plan de complot. Por otra parte era una manera de calmar los ánimos de un gran grupo de la población norteamericana que estaba convencido de la implicación y potencial peligro que suponía la colonia japonesa residente en EEUU, sobre todo tras haber sido declarada oficialmente la guerra al Japón.El tercer motivo, o excusa que sirvió para convencer a los propios japoneses, fue el mantenerlos salvaguardados de cualquier peligro de linchamiento por parte de ciudadanos norteamericanos que decidiesen tomarse la justicia por su mano.Se les dijo que eran trasladados a lugares seguros donde podrían vivir y empezar de nuevo. Muchos japoneses que poseían prósperos negocios y propiedades tuvieron que traspasarlo a cambio de cantidades irrisorias (en algunos casos diez veces menor que el valor real).Familias completas fueron enviadas a vivir en barracones que debían compartir con otras, encerradas como si se tratase de peligrosos delincuentes, debido a las medidas de seguridad (vallas electrificadas, altos muros y numerosa presencia militar y policial) que se tomó para evitar la salida y/o fuga de cualquier persona confinada en aquellos campos de concentración.Se calcula que 120.000 personas fueron trasladadas desde sus plácidas vidas a aquel infierno en el que se convertiría su nuevo destino.El gobierno contó con la inestimable colaboración de ciudadanos de ascendencia japonesa que sirvieron como infiltrados dentro de los campos. Su misión era conseguir información sobre posibles planes y complots e intentar convencer al mayor número posible de japoneses a que se volvieran leales a los Estados Unidos y su Constitución.Estos grupos de infiltrados conseguían desestabilizar la convivencia, creando mal ambiente entre los que allí estaban encerrados y propiciando que unos sospechasen de otros. A la mayoría de los internos se les instó a renunciar a sus orígenes y tradiciones, algo que provocó innumerables conflictos internos entre diferentes grupos y sobre todo en franjas de distinta edad.Los más jóvenes querían seguir viviendo en el nuevo país de acogida y tener la oportunidad de evolucionar, dejando atrás viejas y ancestrales tradiciones que de poco les servían en EEUU. Por su parte, las generaciones más ancianas se negaban a traicionar a sus raíces y veían desesperados cómo sus descendientes traicionaban su milenaria historia.Tras cerca de tres años de funcionamiento de los campos de concentración y múltiples informes que confirmaban que en ningún momento la población de origen japonés supuso un peligro para la convivencia y estabilidad de los Estados Unidos, la administración norteamericana decidió empezar a dar salida de manera paulatina a las miles de familias que allí fueron encerradas y quedaron desquebrajadas. La Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente terminada y el lanzamiento de las bombas atómicas fue un duro aviso.La inmensa mayoría de los japoneses liberados tuvieron que empezar de cero, volver a labrarse un futuro, encontrar empleo en un país que había sido hostil con ellos y que los miraba con recelo a la hora de contratar o alquilar una vivienda. Los más afortunados recibieron un billete de tren y 25 dólares.No fue hasta cuatro décadas más tarde (durante el mandato de Ronald Reagan en 1988) en el que se pediría oficialmente perdón a las víctimas de esas medidas discriminatorias que mantuvo encerradas a miles de personas en campos de concentración. Se ofreció una compensación valorada en veinte mil dólares por cada superviviente (la mayoría ya había fallecido).Historiadores y expertos señalan que a la administración norteamericana tan sólo le costó en concepto de indemnizaciones cuarenta millones de dólares, cuando los perjuicios ocasionados al colectivo de ciudadanos japoneses rondaron los 400 millones.
http://es-us.noticias.yahoo.com/blogs/blog-de-noticias/cuando-en-eeuu-se-confinó-a-miles-de-japoneses-en-campos-de-concentración-174155664.html
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