miércoles, 9 de octubre de 2013

Los Marco Polos del siglo XXI.



La voluntad de migrar está en nuestro ADN. Hay en el acto de moverse todo un deseo de superación que ha constituido la base de la resistencia del ser humano, la esencia de su supervivencia como especie. Se migra para escapar de la pobreza, de las guerras, de las hambrunas, de catástrofes naturales, pero también para conocer nuevos mundos, para saber, para vivir, para experimentar, para aprender, para prosperar. Así ha sido siempre y así sigue siendo en la actualidad.

La historia de las personas que viajan a otros países sin nada es la gran odisea contemporánea, protagonizada por Marco Polos a los que las experiencias y el conocimiento acumulados en sus trayectos les cambia la mirada y el alma. A lo largo de sus viajes se van adhiriendo a su piel más vivencias de las que nunca tendrán esos hombres occidentales que, encerrados en sus despachos de perspectiva limitada, llevan la batuta de gobiernos y finanzas.

Los harragas, los jóvenes dispuestos a ‘quemar’ las fronteras -como se dice en árabe- representan una de las máximas constataciones de la desigualdad que marca el mal funcionamiento de este planeta, en el que se condena a la clandestinidad a las personas sin papeles. Algunos migrantes no logran culminar el viaje y terminan engrosando ese enorme cementerio anónimo e ignorado sumergido en las profundidades del mar Mediterráneo o escondido entre el desierto del Sáhara. Conscientes de su posible destino, cada vez son más los que, en el punto de partida, pegan a su cuerpo con cinta adhesiva un papel plastificado con números de teléfono de sus familiares.

Dice el periodista italiano Gabriele del Grande, al que todos deberíamos leer para conocer y comprender el drama de los migrados, que “hay una guerra mundial contra los pobres” y nuestros países combaten en ella. Los naufragios de pateras son crónicas de muertes anunciadas y fomentadas por las políticas de los gobiernos europeos, que apuestan por elevar muros, reforzar fronteras y excluir de sus territorios a quienes no dispongan de recursos económicos.

Hay en la discriminación de los migrantes toda una lucha de clases contemporánea y simbólica. Se conceden visados a quienes tienen determinadades cantidades de dinero en el banco; se niega el permiso de entrada a quienes no disponen de recursos económicos. Se prohíbe el paso a los que menos tienen, ignorando la enorme riqueza social y cultural que tantos ‘pobres’ podrían proporcionarnos para complementarnos como ciudadanos.
Se destinan millones de euros para evitar la entrada a Europa de personas que en muchos casos merecerían el derecho de asilo -y que de hecho huyen de guerras o expolios en los que nuestros gobiernos participan directa o indirectamente-, perpetuando así la gran metáfora del uno por ciento encerrado en su torre de marfil, dispuesto a atacar a los otros para poder preservar su riqueza, concentrada en su codicia.

El modelo actual de nuestros países se asienta sobre el principio de desigualdad: explotamos materias primas de terceros, elevamos barreras para impedir el paso de personas y de los productos que hacen competencia a los nuestros, mientras permitimos la libre circulación de mercancías, dinero, armas, divisas, turistas. El poder favorece a las entidades financieras y sacrifica a las personas. Desde hace años Europa barre hacia fuera, externalizando sus fronteras, para que los migrantes mueran lejos de nuestras costas y de nuestra conciencia, en países vecinos dirigidos por dictadores ‘amigos’.
Tras la muerte de al menos 250 personas en el naufragio de Lampedusa, la Comisión Europea ha pedido el refuerzo de su misión en el Mediterráneo para interceptar pateras con inmigrantes a bordo a través de lo que denomina “operaciones de rescate”. Por rescate entienden la detención de personas que huyen de la pobreza. Cómo triunfan los eufemismos. 

El dramático naufragio de Lampedusa no es un hecho aislado. Las personas que durante estos años han perdido la vida en las aguas del Mediterráneo o en el desierto, en viajes sin las mínimas garantías de seguridad, asumen riesgos tantas veces mortales porque los gobiernos europeos les cierran la posibilidad de otro tipo de entrada. El peligro no desaparece cuando alcanzan nuestro territorio. Aquí les aguardan cárceles por el simple hecho de no tener papeles, maltrato, criminalización, redadas policiales o expulsiones oficiales violentas que a veces les provocan la muerte.

Decía John Berger que la emigración es la experiencia que mejor define nuestro tiempo. En un mundo tan globalizado como el actual, donde nunca antes habíamos estado tan conectados, donde la diferencia entre ricos y pobres continúa creciendo, la migración no solo es una realidad, sino un derecho. Quienes intentan ejercerlo no solo luchan por una vida mejor, sino que, consciente o inconscientemente, están reivindicando un mundo más justo e igualitario.

Por mucho que se trate de posponer el debate, lo cierto es que los derechos y las necesidades de millones de personas condenadas a la pobreza son realidades incuestionables. Ante ellas, los dirigentes europeos apuestan por la exclusión, que es una forma de guerra. El discurso dominante las presenta desprovistas de identidad propia, atrapándolas en esa abstracción denominada “inmigrantes”, condenándolas a ser, en el mejor de los casos, simples víctimas, negándoles y negándonos toda su riqueza cultural y vital.

Nuestros gobiernos pretenden que aceptemos la desigualdad como algo natural e inevitable, desde nuestra presunta condición de privilegiados. Afortunadamente, cientos de barrios, de asociaciones vecinales, de organizaciones solidarias, cuestionan semejante máxima, enriqueciéndose, mezclándose, revitalizándose con el sonido de otras músicas, con la pronunciación de otros acentos, con el relato de otras culturas, con la fuerza de otras formas de vivir, con la presencia de otras sensualidades, con la acogida de los otros. Los otros, que también somos nosotros...
Hay en esta convivencia diaria todo un desafío a la uniformidad de lo inmóvil, a las puertas cerradas, a los muros elevados, a los lugares exclusivos, a la infranqueable Europa de alambradas de espino y fortalezas de cemento que expulsa o acepta a personas en función de las necesidades de mano de obra semiesclava y precaria.

En el idioma wólof, que se usa en Senegal, Gambia o Mauritania, solidaridad se dice ‘yapalante’. Toda una hermosa casualidad. Pero hay una Europa gris y vieja que prefiere dar la espalda a la solidaridad, condenando a los otros a la muerte o a la clandestinidad. Y con ello, condenándose a sí misma.
 
 

martes, 24 de septiembre de 2013

Tribus indígenas aisladas del mundo.



¿Te has preguntado cuántas tribus sin contacto con la sociedad moderna existen en el mundo? Bien, hoy hablaremos de ello, ya que hasta mediados de agosto de 2013, los Mashco-Piro se habían negado a contactarse con el mundo exterior.Esta tribu de la Amazonia peruana es una de las etnias indígenas que se mantuvo durante toda su historia aislada del mundo. Según algunas informaciones, este rechazo ha llegado al punto de que en el pasado los Mashco-Piro se han resistido con la violencia a este acercamiento por parte de personas provenientes de la "civilización".Se estima que en todo el mundo pueden ser alrededor de 100 las tribus indígenas aisladas del mundo voluntariamente, aunque los datos no son muy claros. Las investigaciones han revelado que Brasil es el país que maneja los datos más precisos al respecto. Según información recogida a través de reconocimientos aéreos y entrevistas a miembros indígenas que han decidido tener contacto exterior, serían casi 80 las tribus que viven en una cerrazón total respecto a la civilización. Recordemos que hace unos años un antropólogo descubrió una tribu desconocida en Brasil.El resto de las tribus con el mismo estilo de vida están salpicadas por la Amazonia peruana, con unas 15 comunidades, Nueva Guinea, con una docena de tribus, y alrededor de dos grupos en la Isla de Andaman, en la costa de India. Estos datos los obtuvo la organización Survival International, organización que defiende el derecho de los indígenas con sede en Londres.A pesar de su ostracismo absoluto, miembros de Survival sostienen que la mayoría de estas comunidades han tenido un contacto mínimo con el exterior, principalmente con otras tribus, y en algunos casos, con miembros de estas tribus que han tenido algún contacto con el mundo "avanzado".


Violencia

A pesar del retraso educativo y tecnológico de estas comunidades indígenas, los investigadores han descubierto que este rechazo no es casual, y se produce porque el contacto que estas tribus han tenido con el exterior en el pasado ha sido traumático para ellas.Por ejemplo, en el caso de los Mashco-Piro, se sabe que han tenido que huir de su espacio propio por las masacres de las que fueron víctima por parte de las compañías de caucho que se instalaron en su territorio a finales del siglo XX.En el caso de las regulaciones nacionales respecto a estas tribus, las leyes de Perú y Brasil prohíben el acercamiento forastero a las zonas en las que estas viven. Según los gobiernos, estás leyes buscan preservar su estilo de vida en un entorno acorde a sus necesidades.A pesar de la cerrazón de estas comunidades, algunos antropólogos creen que instrumentos de la sociedad moderna como la medicina, las herramientas de metal o la educación, pueden implicar una atracción para los miembros de estas tribus de vida primitiva. El hecho es saber si estos elementos serán suficientes para acercarlos, puesto que a pesar de la ausencia de información, las tribus como los Mashco-Piro, parecen percibir que en la sociedad avanzada no todo lo que brilla es oro.

http://www.ojocientifico.com/4757/tribus-indigenas-aisladas-del-mundo
 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuando en EEUU se confinó a miles de japoneses en campos de concentración.




Durante el último cuarto del siglo XIX y las primeras cuatro décadas del XX, un importantísimo flujo migratorio proveniente desde Japón llevó hasta los Estados Unidos a cientos de miles de nuevos ciudadanos que llegaron hasta allí con la intención de labrarse un futuro y acoplarse a sus leyes y costumbres.Eran trabajadores disciplinados, arraigados a una cultura milenaria la cual supieron adaptar a los nuevos tiempos y lugar de residencia. La numerosa colonia de emigrantes de origen japonés que durante tantos años vivió de manera tranquila y próspera en su nuevo país de acogida sufrió un duro revés y la persecución por parte de las autoridades a raíz del ataque a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941.De la noche a la mañana, las personas de ascendencia nipona se convirtieron en 'el gran enemigo de los EEUU’, siendo señalados y culpabilizados de lo ocurrido en la base naval de la armada estadounidense en Hawai.Entre la población comenzó a surgir diferentes teorías conspiranoicas que aseguraban que numerosos grupos nipones se estaban organizando en el oeste del país para llevar a cabo nuevos ataques y sabotajes hacia intereses norteamericanos.Esta histeria colectiva del resto de ciudadanos provocó que, desde la administración del Presidente Franklin Delano Roosevelt, se decidiera tomar drásticas medidas para controlar a todo aquel que tuviera algún tipo de relación (directa o indirecta) con los intereses japoneses.Para ello, a través de las órdenes ejecutivas 9066 y 9102 avaladas desde la presidencia, se creó la ‘War Relocation Authority’ y se comenzó a construir una serie de campos de concentración en los que se internaría a todas aquellas personas de origen y/o descendencia japonesa.Tres eran los motivos que llevaba a Roosevelt a apoyar tal decisión; por un lado se podría tener controlada a ese grupo de población y averiguar e intentar aplacar cualquier plan de complot. Por otra parte era una manera de calmar los ánimos de un gran grupo de la población norteamericana que estaba convencido de la implicación y potencial peligro que suponía la colonia japonesa residente en EEUU, sobre todo tras haber sido declarada oficialmente la guerra al Japón.El tercer motivo, o excusa que sirvió para convencer a los propios japoneses, fue el mantenerlos salvaguardados de cualquier peligro de linchamiento por parte de ciudadanos norteamericanos que decidiesen tomarse la justicia por su mano.Se les dijo que eran trasladados a lugares seguros donde podrían vivir y empezar de nuevo. Muchos japoneses que poseían prósperos negocios y propiedades tuvieron que traspasarlo a cambio de cantidades irrisorias (en algunos casos diez veces menor que el valor real).Familias completas fueron enviadas a vivir en barracones que debían compartir con otras, encerradas como si se tratase de peligrosos delincuentes, debido a las medidas de seguridad (vallas electrificadas, altos muros y numerosa presencia militar y policial) que se tomó para evitar la salida y/o fuga de cualquier persona confinada en aquellos campos de concentración.Se calcula que 120.000 personas fueron trasladadas desde sus plácidas vidas a aquel infierno en el que se convertiría su nuevo destino.El gobierno contó con la inestimable colaboración de ciudadanos de ascendencia japonesa que sirvieron como infiltrados dentro de los campos. Su misión era conseguir información sobre posibles planes y complots e intentar convencer al mayor número posible de japoneses a que se volvieran leales a los Estados Unidos y su Constitución.Estos grupos de infiltrados conseguían desestabilizar la convivencia, creando mal ambiente entre los que allí estaban encerrados y propiciando que unos sospechasen de otros. A la mayoría de los internos se les instó a renunciar a sus orígenes y tradiciones, algo que provocó innumerables conflictos internos entre diferentes grupos y sobre todo en franjas de distinta edad.Los más jóvenes querían seguir viviendo en el nuevo país de acogida y tener la oportunidad de evolucionar, dejando atrás viejas y ancestrales tradiciones que de poco les servían en EEUU. Por su parte, las generaciones más ancianas se negaban a traicionar a sus raíces y veían desesperados cómo sus descendientes traicionaban su milenaria historia.Tras cerca de tres años de funcionamiento de los campos de concentración y múltiples informes que confirmaban que en ningún momento la población de origen japonés supuso un peligro para la convivencia y estabilidad de los Estados Unidos, la administración norteamericana decidió empezar a dar salida de manera paulatina a las miles de familias que allí fueron encerradas y quedaron desquebrajadas. La Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente terminada y el lanzamiento de las bombas atómicas fue un duro aviso.La inmensa mayoría de los japoneses liberados tuvieron que empezar de cero, volver a labrarse un futuro, encontrar empleo en un país que había sido hostil con ellos y que los miraba con recelo a la hora de contratar o alquilar una vivienda. Los más afortunados recibieron un billete de tren y 25 dólares.No fue hasta cuatro décadas más tarde (durante el mandato de Ronald Reagan en 1988) en el que se pediría oficialmente perdón a las víctimas de esas medidas discriminatorias que mantuvo encerradas a miles de personas en campos de concentración. Se ofreció una compensación valorada en veinte mil dólares por cada superviviente (la mayoría ya había fallecido).Historiadores y expertos señalan que a la administración norteamericana tan sólo le costó en concepto de indemnizaciones cuarenta millones de dólares, cuando los perjuicios ocasionados al colectivo de ciudadanos japoneses rondaron los 400 millones.

http://es-us.noticias.yahoo.com/blogs/blog-de-noticias/cuando-en-eeuu-se-confinó-a-miles-de-japoneses-en-campos-de-concentración-174155664.html

viernes, 30 de agosto de 2013

Aves de santuario indio en peligro por construcción indiscriminada.


Cada invierno, los humedales de Okhla, un refugio encantado en el corazón de la pujante capital de India, reciben flamencos, patos cucharos y otros exóticos visitantes emplumados que llegan volando desde climas más fríos, tan lejanos como el de Siberia.
Estos migrantes se suman a cientos de aves acuáticas locales para reproducirse en el Santuario Aviar y Parque de la Naturaleza de Okhla, un pantano de cuatro kilómetros cuadrados sobre el río Jamuna.
El Jamuna sobrevive en medio de costosos proyectos inmobiliarios y otras construcciones en el estado de Delhi, sobre su ribera occidental y en el vecino estado de Uttar Pradesh, al este.
Pero, a menos que se frene la construcción a orillas del Jamuna y el vertido de residuos líquidos sin tratar, el espectáculo anual de colores y formas que ofrece el santuario pronto será nada más que un recuerdo entrañable.
Según Tarun Kumar Roy, coordinador del censo de aves acuáticas asiáticas de Wetlands International, hace una década había unos 10.000 pájaros en el santuario de Okhla. "Ahora esa cantidad se redujo a la mitad", dijo a IPS.
Wetlands International es una organización sin fines de lucro con sede en Holanda que trabaja para conservar los humedales y sus recursos.
Roy, quien viene trabajando para que el santuario sea reconocido como sitio protegido bajo la Convención de Ramsar sobre los Humedales de Importancia Internacional, de 1971, dijo que la menguante cantidad de aves ha hecho añicos sus esperanzas.
Otros expertos creen que todavía es posible que el santuario sea calificado sitio Ramsar, para que pueda beneficiarse del apoyo internacional a través del tratado, diseñado para frenar la invasión de pantanos de importancia ecológica, económica, cultural, científica y recreativa.
"El hecho de que buena cantidad de aves migratorias transcontinentales visiten el santuario de Okhla lo vuelve un candidato destacado para su designación como sitio Ramsar", dijo Faizi S. Faizi, miembro del comité de expertos sobre biodiversidad y desarrollo del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, en diálogo con IPS.
Resulta útil que la organización BirdLife International haya certificado al santuario como Área de Importancia para las Aves por su riqueza ornitológica, añadió.
Según Gopal Krishna, coordinador de la organización ambientalista Toxics Watch, con sede en la capital, corresponde al Ministerio de Ambiente y Bosques lograr que el santuario de Okhla sea nombrado sitio Ramsar.
"Si el Ministerio fracasó es solo debido a la presión de los poderosos lobbies de la construcción y los bienes raíces", dijo a IPS.
"Es difícil de creer que los funcionarios del Ministerio no estén al tanto de las invasiones de un santuario nacional ubicado a apenas cinco kilómetros de sus oficinas", agregó Krishna.
"Por ejemplo, ¿cómo pudo aparecer en el borde del parque un incinerador contaminante de basura, sin autorización del Ministerio?", planteó.
Krishna cree que el futuro del santuario de Okhla dependerá en buena medida de una serie de demandas presentadas por ambientalistas y residentes del lugar ante el Tribunal Nacional Verde, que maneja casos polémicos relativos a asuntos ambientales.
"El más importante de estos casos se relaciona con el incinerador que funciona desde enero de 2012 dentro de la zona ecológicamente delicada del santuario", dijo Krishna.
"Una comisión del tribunal estableció que las emisiones contaminantes de la planta son 25 veces superiores al límite permitido", añadió.
En julio, la escuela de ciencias ambientales de la Universidad Jawaharalal Nehru de Nueva Delhi divulgó los resultados de un estudio según el cual el aire de la zona de Okhla está intensamente cargado de plomo, níquel, cadmio y cobalto que solo pueden proceder del incinerador.
"Las elevadas chimeneas del incinerador de Okhla constituyen una seria amenaza para las aves migratorias, pues emiten gases tóxicos justo en su ruta de vuelo", dijo Roy.
El 14 de este mes, el Tribunal suspendió otra construcción no autorizada en una zona ecológicamente delicada de 10 kilómetros de ancho en torno al santuario, y ordenó un nuevo relevamiento del área a las autoridades centrales y provinciales con el fin de protegerlo.
Según Faizi, la orden del Tribunal tardó demasiado. El incinerador de Okhla "es absolutamente inaceptable en esta área crucial para las aves, y debe eliminarse sin más demora", sostuvo.
Según Roy, aunque el total de aves visitantes se redujo, la variedad de especies representadas en el santuario parece estar aumentando. Se registraron 330 especies, "aunque algunas ya no se ven".
Los emplumados visitantes que figuran en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza son el porrón pardo (Aythya nyroca), la aguja colinegra (Limosa limosa), la avefría fluvial (Vanellus duvaucelii), el buitre egipcio (Neophron percnopterus), el pato aguja oriental (Anhinga melanogaster), el tántalo indio (Mycteria leucocephala), el charrán vientre negro (Sterna acuticauda) y el ibis cabecinegro (Threskiornis melanocephalus).
Mientras, el Tribunal celebra audiencias ante varias peticiones de que se actúe contra los constructores y contra una "mafia de la minería de arena" que desafía la normativa existente.
Tras descubrirse que la extracción ilegal de arena modificó el curso del río Jamuna hacia el oriente, Durga Shakthi Nagpal, administradora del distrito de Gautam Budh Nagar, en Uttar Pradesh, puso en marcha una ofensiva que implicó confiscaciones y arrestos.
Pero el 28 de julio, tres meses después de iniciada su campaña, Nagpal fue suspendida por sus jefes, una medida que muchos ven como contragolpe de la industria de la construcción, que usa grandes cantidades de arena para fabricar cemento y hormigón.
Faizi cree que solo un movimiento popular puede salvar el santuario, que actúa como un "pulmón verde" para la congestionada y contaminada Nueva Delhi, donde viven 20 millones de personas.
"Reconocer al santuario de Okhla como sitio Ramsar sería la mejor manera de generar interés público en la protección de un humdeal único en el mundo", enfatizó.

Por Ranjit Devraj
http://www.ipsnoticias.net/2013/08/aves-de-santuario-indio-en-peligro-por-construccion-indiscriminada/

sábado, 17 de agosto de 2013

El Estrecho de Gibraltar visto desde África.



Ya no se atisban pateras en el horizonte del Estrecho de Gibraltar. De esas frágiles embarcaciones atiborradas de seres humanos hacinados, que cruzaban las aguas que llevan desde el Tercer hasta el Primer Mundo, sólo quedan podridos armazones en depósitos desperdigados desde Algeciras a Tarifa. Si cruzar de una orilla a otra ya era una epopeya a bordo de esas cuatro maderas flotantes, ahora el riesgo se multiplica por mil. Los inmigrantes subsaharianos que han llegado a la costa de Cádiz en los últimos días tripulan barcas de juguete, en un viaje que nada tiene de juego. “Son embarcaciones que no están ni para navegar. Siempre las hubo, pero ahora son el medio de transporte más habitual. Han emprendido el viaje en días en los que el levante ha soplado con fuerza en una zona muy peligrosa. La desesperación les ha hecho asumir el riesgo”, comenta Miguel García, de Cruz Roja en Cádiz.
Las mantas y el consuelo de los voluntarios es el primer calor que reciben esos cuerpos ateridos de frío después de interminables horas de travesía en mar abierto. Más de 200 personas  han sido  rescatadas por los efectivos de Salvamento Marítimo en las aguas del Estrecho. “Están siendo unos días muy intensos, en una actividad que no es nada usual”, afirma García. 20 voluntarios de Tarifa y de la provincia hicieron turnos durante el fin de semana para dar auxilio y un primer consuelo a aquel que ha emprendido en condiciones tan precarias una huida hacia un mundo mejor.
La explicación a este repunte está en las turbulencias políticas y sociales que afectan a la zona del Sahel, “una crisis humanitaria enorme”, según describe Miguel García. La falta de alimentos provoca desplazamientos masivos de bolsas de población que buscan una alternativa a una vida de tanta precariedad al otro lado del mar. Puestas en una balanza las crisis de una y otra orilla, aquella que sacude el Norte de África siempre pesa mucho más. Además, España ya no es el objetivo. Es la primera parada de una ruta que tiene su destino final todavía a muchos miles de kilómetros.
A pesar de la situación tan complicada, hay más atención puesta en las mismas aguas a sólo unas cuantas millas de distancia por la enésima regañina entre España y Reino Unido a cuenta de Gibraltar. Sobran bloques de hormigón en el fondo de sus aguas y falta alguno en la estructura del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Algeciras. La instalación no ha podido dar asistencia a los últimos inmigrantes que han llegado a la zona por las malas condiciones del edificio; tal es así que  el Sindicato Unificado de Policía de la ciudad denuncia desde hace meses “el deterioro y las indignas condiciones de habitabilidad del recinto”.
La Delegación del Gobierno de Andalucía ha caído ahora en el problema y llama al timbre de Bruselas para solucionar este problema: pedirá financiación a la Unión Europea para acometer la reforma definitiva del edificio o la construcción de uno nuevo. Todo lo que se ha hecho hasta ahora han sido parches para intentar convertir la cárcel vieja de la localidad en algo para lo que no está preparada: falta comodidad, las instalaciones no son las apropiadas y hasta el propio fiscal de Extranjería de Algeciras, José Luis Jaudenes, ha pedido en varias ocasiones su cierre y ha calificado la instalación de “horripilante”.
Mientras, los subsaharianos rescatados por Salvamento Marítimo son derivados al CIE de la Isla de las Palomas en Tarifa. “Están siendo días de mucho trabajo, pero estamos intentando dar la mejor atención posible a todas las personas que llegan aquí. No es la primera vez que ocurre esto por aquí, ¿desbordados?, intentamos hacer nuestro cometido de la mejor manera posible”, cuenta una trabajadora del centro a andalucesdiario.es, mordiéndose la lengua y pidiendo cortar cuanto antes la conversación.
Este centro tarifeño no deja de ser un anexo del principal y no tiene capacidad para un volumen de llegadas tan alto como el de la última semana. La organización humanitaria Andalucía Acoge ha alertado de situación y ha exigido un cambio de estrategia que profundice en las causas del movimiento migratorio. En un comunicado, pide a las instituciones públicas el cierre de todos los Centros de Internamiento de Extranjeros y a reflexionar ante el colapso del centro en Tarifa  y la situación que vive el de Algeciras, cerrado por problemas estructurales.
Ante estas circunstancias, las dependencias de la Comisaría de la Policía Nacional de Algeciras se han convertido en el primer techo que ha dado cobijo en Europa a muchos de los que viajaban en busca de una vida mejor y un bocadillo es el mejor manjar que han probado desde que pisaron tierra. Diplomáticamente, el Sindicato Unificado de Policía califica la situación de “anómala”, pero la preocupación es evidente ante la posibilidad de que la llegada de más inmigrantes provoque un colapso en la zona y no haya medios ni personal para atenderlos. La Comisaría de Tarifa también está saturada hasta el punto de que sólo dos agentes custodian a 200 personas entre subsaharianos y detenidos.
Tras este nuevo repunte de la llegada de inmigrantes a las costas de Cádiz, Andalucía Acoge califica de fracaso la política de fronteras de la Unión Europea “en la medida que después de años de inversión desproporcionada en medidas de control de fronteras, la situación en el perímetro de Europa continúa siendo la misma”. Además, recuerda que esta política fronteriza se puso en marcha con la ayuda de los países norteafricanos, pero no ha servido nada más que para “avalar a Marruecos en su política represiva ante la inmigración está forzando a las personas inmigrantes a lanzarse al agua en balsas de juguete, lo que aumenta el riesgo para sus vidas”.

http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/estrecho-gibraltar-visto-desde-africa/

martes, 30 de julio de 2013

El son jarocho: elemento de identidad de los inmigrantes mexicanos en EU.



Al principio el que se ejecutaba era el de escenario, a la manera folclórica, pero con el tiempo se fue explicando el concepto de fandango, como una fiesta y un baile comunitario.
En un encuentro festivo, allende las fronteras, se escuchan los versos cantar y la tarima resonar, convocando a la comunidad a bailar y celebrar al son de la jarana, la memoria de lo vivido.

En los últimos años, la música de jarana, conocida popularmente como son jarocho, se ha convertido en un vínculo de expresión cultural y en un elemento de identidad para muchos inmigrantes mexicanos. Después de que en 1958 Ritchie Valens popularizara La bamba al ritmo de rocanrol, el son jarocho se fue expandiendo junto con las nuevas oleadas migratorias que llegaban a trabajar a Estados Unidos.

Hoy, el son jarocho es tocado, escuchado y enseñado en distintos espacios culturales e instituciones educativas a lo largo de la Unión Americana. También se realizan anualmente distintos encuentros y festivales de soneros y jaraneros en Estados Unidos, a fin de establecer vínculos con los músicos de son jarocho que han tratado de rescatar este género musical de generación tras generación, como la familia Vega, los Utrera o los Cojolites.

Con el son emigró también la tradición de hacer fandangos. Al principio el son que se tocaba en Estados Unidos era el de escenario, a la manera folclórica, pero con el tiempo se fue explicando el concepto de fandango, como una fiesta y un baile comunitario; a la par el son fue fortaleciendo y cohesionando los procesos y luchas de la comunidad migrante en la vida transnacional.

El son atraviesa EU

Aunque desde los años 50 se escuchaba el son jarocho del otro lado de la frontera –por la influencia del cine de la época de oro– no fue sino hasta después de la entrada del siglo XXI cuando el movimiento jaranero o fandanguero comenzó a florecer con mayor ahínco en ciudades como Los Ángeles, Nueva York, Chicago y, más recientemente, en Milwaukee, Washington, Austin y Seattle. Cada región y ciudad tiene una historia particular de cómo fue que el son comenzó a escucharse y a tocarse

En Nueva York, el son jarocho se ha difundido con el trabajo de grupos como Jarana Beat que desde su nacimiento en 2007 ha promovido la cultura del fandango entre la comunidad mexicana, latina y estadunidense. Desde 2011, organiza a la par de Tlacotalpan, Veracruz, la fiesta de La Candelaria, con un concierto, fandango y convite. En esta última celebración, los jaraneros, bailaron hasta el amanecer, cantando las tradicionales coplas de la vida campesina, al tiempo que las mujeres compartían con alegría la tarima, al escuchar los sones de montón.

Paula Sánchez-Kucukozer integrante de Son Pecadores comenta: Cuando empezaron a hacerse los primeros fandangos aquí en Nueva York, hace como año y medio, la asistencia era de nos más de 10 personas y en esta última Candelaria, ¡ni cabíamos! Y es que creo que esto se debe a que una vez que te involucras en la cultura del fandango es muy difícil salir, porque todo alrededor del son jarocho se trata de comunidad y a uno como mexicano, le da más cohesión, ya que en la cultura estadunidense toda es muy individualista.

En Chicago empezó a oírse por la influencia de músicos como Víctor Pichardo, integrante del grupo Zazhil y cofundador en 1994 del proyecto Sones de México Ensamble.

Y en California, el son comenzó a hacerse más visible durante la década de los 70, cuando en las universidades y los colegios empezaron a incluir, dentro de los programas de estudios chicanos o méxico-estadunidenses, la enseñanza del son jarocho.

Son de lucha

A través de versos, coplas o décimas, músicos inmigrantes han empezado a expresar las problemáticas de este lado de la frontera, creando sones de protesta contra las leyes antinmigrantes, el racismo, la discriminación, contando anécdotas de la vida de los trabajadores indocumentados y las historias vividas en los barrios mexicanos.

Son del Centro –grupo de jaraneros y programa de son jarocho del Centro Cultural de México en California– participa con diversas campañas sociales y políticas en defensa de los derechos de los trabajadores migrantes como con la Coalición de Trabajadores Immokalee (CIW), promoviendo el son jarocho como una herramienta de conciencia y movilización. Otros ejemplos incluyen a Son Armado y el Colectivo Altepee que narra así el problema de las deportaciones:

Atravesando generaciones

Por otro lado, el gusto por el son jarocho ha estimulado el surgimiento de diversos proyectos educativos para niños y jóvenes en escuelas, museos y centros culturales. En Chicago desde 2010, Gina Gamboa desarrolla el proyecto Son Chiquitos, programa basado en las familias migrantes, que tiene por objetivo mantener el español por medio de la música y el arte. Dicho programa imparte talleres a través del grupo de son Jarochicanos a niños desde los 4 meses de edad, involucrándolos en la cultura de los fandanguitos.

Al mismo tiempo, Alda Reuter y Peter Basil crearon México Beyond Mariachi un programa pedagógico de danza y música tradicional de México, impartido en distintas escuelas públicas de la ciudad de Nueva York y Nueva Jersey, a fin de dar a conocer la riqueza cultural de nuestro país, más allá de la música de mariachi. Uno de los talleres más importantes que impartimos es el de instrumentos de son jarocho, así como el zapateado en la tarima. Las clases se imparten a alumnos de distintas nacionalidades, desde chinos hasta estadunidenses, con la intención de que se valore la riqueza cultural de México, indica Alda Reuter.

Atravesando fronteras

A su vez, han comenzado los intercambios culturales a escala binacional; Fandango sin Fronteras, una red informal de son jarocho integrada por músicos y artistas chicanos como Son del Centro y Músicos de la Bahía de California y la organización de Portoluz de Chicago, han impulsado el intercambio entre músicos de Veracruz y Estados Unidos con la idea de generar comunidad a través de la música participativa, ampliando el concepto de fandango a un nivel transnacional.

De manera similar, las redes sociales en Internet han sido una plataforma para difundir y mantener en contacto a músicos de jarana de muchas partes del mundo.Es el caso de Jarochelo sitio con diversas programaciones en inglés y en español, que van desde un programa de televisión, chat, noticias, reportajes, podcasts, entrevistas hasta sintonía radiofónica.

Jarochelo surgió con el propósito de mostrar a la gente que se interesa por el movimiento jaranero una fuente fiable de información a través de un sitio web. Así que, junto con mi.com y la reputación que me dio el ser un ex Mono Blanco, me propuse armar este sitio, que al principio tuvo una jarana interactiva, lo cual fue muy atractivo tanto para mi por su novedad, como para los visitantes, dice César Castro, integrante del grupo Cambalache y laudero veracruzano radicado en Los Ángeles.

Es así como de este a oeste retumban las tarimas con el zapateado, fandangueros, soneros, decimeros, jaraneros, bailadores y músicos que se reúnen en distintos espacios comunitarios –casas, parques, calles, bares y auditorios– de Estados Unidos para sembrar las raíces y esparcir la semilla del fandango, más allá del Sotavento. Con ello, una parte de la comunidad inmigrante rehúsa olvidar sus luchas y construye, al son de la jarana, un presente más humano y digno.

"Soy un jaranero andante
viví en Estados Unidos
por todos es bien sabido
que esta es nación de
inmigrantes
desde los tiempos de antes
gente de tantas naciones
trabajamos como peones
beneficiando a los ricos
por eso hoy les exijo
¡alto a las deportaciones!"


http://www.jornada.unam.mx/2013/07/29/espectaculos/a13n1esp

sábado, 27 de julio de 2013

Un nuevo mito llamado Francisco.



El 13 de marzo de 2013 a las 19.06 (hora local) se abrieron las cortinas del balcón de la Basílica de San Pedro en el Vaticano y nació un nuevo héroe argentino. Sin las habilidades hipnóticas del gambeteo de un futbolista cargado de talento, sin la embriaguez revolucionaria de un médico devenido guerrillero y sin el timbre de voz de un zorzal criollo, Jorge Mario Bergoglio –ex técnico químico nacido el 17 de diciembre de 1936 en el barrio porteño de Flores y hasta entonces arzobispo de Buenos Aires– en un solo acto transmutó de un simple hombre de 206 huesos y 50.000 millones de células en algo más que humano, en un ídolo, aunque no en la acepción light de esta palabra que usamos todos los días sino en aquella que refiere a una “figura de un dios al que se adora”, a la que se le rinde culto ciegamente. En un solo instante, el panteón nacional que engalana la mitología argentina –Gardel, el Che, Evita, Maradona, Messi– se amplió, sumó un nuevo integrante, como si el ADN argentino –una entidad tan real como el unicornio– probara tener algo especial. Otra vez.
No importaron las distancias, los doce mil kilómetros que separan al Vaticano de la Argentina: dos fuerzas extremas y durante décadas vapuleadas en silencio, el fanatismo religioso y el nacionalismo, se combinaron alrededor del nuevo CEO de la institución –corporación– más antigua del mundo, la Iglesia Católica.
No importa si se es católico, ateo, agnóstico, seguidor de otras religiones o extraterrestre: nadie puede negar el fenómeno social complejo desatado a nivel mundial y local desde aquel día, desde aquel momento por el nombramiento del primer papa argentino, el papa Francisco.
Desde marzo pasado, la papamanía –un furor que adopta las formas más insospechadas y creativas del fanatismo– se instaló en el paisaje urbano, en el ecosistema mediático y personal con la misma fuerza invasiva de una marea simbólica: desde la multiplicación del merchandising papal –banderines, gorros, remeras, tazas, fundas para almohadas, pósteres, prendedores, estampitas, libros (y la lista sigue)–; gigantografías en edificios de la Avenida 9 de Julio; canciones como El Cristo de la villa de grupos de nombre-catástrofe como Diluvio Tropical al bombardeo mediático y publicitario de diarios y noticieros que, con la vocación de aumentar sus ventas y audiencia, repitieron al extremo lemas como “el papa de todos”, “el papa es nuestro”, “Dios es argentino y el papa también”, “el papa de la gente”. Y más, hasta el cansancio en fascículos, suplementos y secciones especiales con figuritas de regalo para el lector ferviente y deseoso de tener a su nuevo ídolo, verlo, tocarlo, rezarle, besarlo todos los días mediados por el papel del póster, el cartón pintado de la estampita.
“Los medios fueron generando un fuerte clima de suspenso y misterio –indica el psicoanalista Sergio Rodríguez–. Luego, la multitud de banderas argentinas agitadas en la Plaza de San Pedro a partir del anuncio de la elección, fue trasladada televisivamente y en tiempo real al planeta en su conjunto. Bergoglio, pantallas mediante, dejó de ser tal para convertirse en el papa Francisco. Inmediatamente se alborotaron en Argentina, religiosos y no religiosos. La fantasía que los medios cultivaron con entrevistas a la hermana de Bergoglio fue la de que cualquier familia católica de nuestro país podía llegar a tener un hijo que accediera al papado.” El catolicismo, tan herido por los escándalos de corrupción y abuso sexual a menores de los últimos años, salió del armario, aquel que para otro sector de la sociedad pretende mantener cerrado con candado. Como se vio minutos después del nombramiento papal –y como se verá a partir del martes y hasta el 28 de julio en Río de Janeiro, en ocasión de la primera visita de Francisco al continente a propósito de su presencia en la Jornada Mundial de la Juventud de la que participarán 42.500 peregrinos argentinos–, retomó las calles ya no como un culto privado, una moral particular, sino como una forma de ser, estar y ver el mundo, una cosmología militante.
En una época hasta ahora marcada por el avance trepidante de la secularización, de intentos de apostasía colectiva (más de cien mil católicos apostataron en Austria y Alemania en 2010 tras los escándalos de los abusos a menores por representantes de la Iglesia), en tiempos de templos y parroquias puestas a la venta en Alemania por sequía de feligreses y en la que la ciencia y la tecnología moldean y dirigen el mundo, la intensificación de la visibilidad del catolicismo en la esfera pública instalada desde marzo –el llamado “efecto Francisco”– les permite a sociólogos, psicoanalistas y antropólogos tomarle el pulso –en vivo y en directo– a un fenómeno siempre tan complejo como el de la religiosidad popular. Les da la oportunidad de rastrear con avidez comportamientos, rituales, signos, prácticas, narrativas en plena efervescencia y circulación.

Símbolos y celebridad
Desnudos y en solitario, los números no dicen nada. Pero analizados en su contexto sirven para divisar un panorama, para armar algo así como una cartografía provisional y siempre dinámica de un fenómeno. Según el Anuario Pontificio 2012 –una especie de directorio del Vaticano–, hay unos 1.196 millones de católicos en todo el planeta, algo así como el 17,5% de la población mundial; de ellos, uno de cada cuatro procede de América Latina. Sin embargo y al mismo tiempo, unas 1.100 millones de personas afirman no identificarse con ninguna de las diez mil religiones existentes, de acuerdo a rastrillaje realizado por el think tank estadounidense Pew Research Center.
En la Argentina, no existen estadísticas oficiales, como en otras tantas prácticas cotidianas y visibles. La Iglesia Católica asegura que un 88 por ciento de los 40 millones de habitantes son católicos. Aunque un estudio realizado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) muestra otra imagen: la cifra se ubicaría en realidad en torno a un 76 por ciento, poco más de 31 millones de fieles. Los investigadores que llevaron a cabo la primera encuesta sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina, como el sociólogo Fortunato Mallimaci, por ejemplo, advirtieron que casi el 25 por ciento de las personas que viven en el país no se dicen católicas. O, también, que hay más personas indiferentes en cuanto a la religión –el 11,3 por ciento– que evangélicos, que rondan el 9 por ciento de la población. Mientras que el 76 por ciento de los argentinos afirma que concurre poco o nunca a los lugares de culto.
El Anuario Pontificio también afirma que en la Argentina hay unos 5.648 sacerdotes. Y se calcula que en los últimos 20 años, 1.100 colgaron la sotana, se despidieron del anacrónico voto de castidad, dejaron el ministerio, en una época de cambios.
Y ahora, nuevo CEO. Tras la renuncia de Joseph A. Ratzinger –el primer “ex papa” de la historia–, el nombramiento del papa Francisco no sólo entronizó a Jorge Mario Bergoglio como el 266° pontífice, continuador de una larga y variopinta línea de personajes al mando de la Iglesia Católica. También lo instituyó como celebridad, una de aquellas personalidades que trascienden los límites geográficos y culturales de la Argentina y que propician identificaciones colectivas.
“La papamanía que se desató en la Argentina nos revela aún más respecto de la cultura y de la política locales que de la religión. Como Gardel y Maradona o póstumamente el Che y Evita, fue su ‘triunfo en el extranjero’ y la consecuente repercusión mundial lo que convirtió a Bergoglio, el arzobispo al que pocos tenían en cuenta localmente, en Francisco, el ‘de todos los argentinos’ –señala el antropólogo Alejandro Frigerio, investigador independiente del Conicet–. Esta dinámica de identificación colectiva y de creación de un nuevo héroe cultural local rebasa en mucho al ámbito de lo estrictamente religioso. Es una identificación colectiva (como ‘argentino’) que probablemente afectó poco a la identificación personal de cada uno como católico. O sea, nos pone más orgullosos ‘a nosotros como argentinos’ que ‘a mí como católico’. Por eso, el clamor o entusiasmo mediático por un ‘efecto Francisco’ que produciría una vuelta a la religión o a la Iglesia Católica suena, cuanto menos, exagerado. O, si lo hay, seguramente sea transitorio.” En el clima de reflujo de viejos tiempos y de cholulismo papal –las fotos de actores, deportistas, políticos junto al Papa se reproducen día a día dentro y fuera de las redes sociales–, una persona se convirtió en un tiempo récord –transformación express – en símbolo nacional, en un incitador de uniones, diferencias, similitudes y nacionalismos, en un personaje depositario del culto a la personalidad, el mismo que alimenta a los cantantes de rock y pop, a actores, jugadores habilidosos y dictadores.
El papa Francisco se erigió en una figura identificatoria de un sector de la nación, la nación religiosa, y al mismo tiempo se instaló en el epicentro de la narrativa patriótica, es decir, los relatos con que una sociedad se explica a sí misma como nación o, en términos de las recordadas palabras del historiador irlandés Benedict Anderson, como “comunidad imaginada”. Como práctica de exorcización emotiva, la religión tomó prestado el rol ocupado por el fútbol como operador de nacionalidad. La Argentina demostró nuevamente ser uno de los principales países productores de mitos del mundo.
“Alguien llega a ser un mito cuando por sus cualidades se eleva sobre los mortales y se le encarama como modelo de su profesión, deporte u oficio –detalla el filósofo de la religión José María Mardones en su ensayo El retorno del mito. La racionalidad mito-simbólica –. Así, merced al juego de los mass media actuales y de la publicidad, tenemos mitos más o menos coyunturales o persistentes del cine, el deporte y hasta de la ciencia”. Y ahora, la religión.

Patria y nación
“Todas las culturas han poseído alguna forma de sacerdocio, de individuos o grupo de individuos cuya función es la de actuar como intermediarios de la comunidad entre los mundos materiales y espirituales –escribe el filósofo estadounidense Matthew Alper en Dios está en el cerebro –. Aunque a este individuo se le llame chamán, sacerdote, rabí, swami , ensi , yogui, oráculo, místico, psíquico, médium, imán o papa, todas las culturas han poseído un miembro, grupo o casta semejante, cuya función es la de servir como guía y líder espiritual de su comunidad.” La figura del Papa –como el rey de reyes, el elegido– siempre tuvo su faceta magnética. Como dice el historiador francés Michel De Certeau en La debilidad de creer , más que promover temor o respeto, el religioso intriga. Fascina como algo oculto, al mismo tiempo que posee la naturaleza de un personaje perimido, como una reliquia de sociedades desaparecidas.
En el caso del papa Francisco, el núcleo promotor de intrigas y asombro suele ser localizado en su gestualidad, la retórica y proxémica del llamado “discurso de la humildad” que lo catapultó anticipadamente a la tapa de la versión italiana de la revista Vanity Fair como “personaje del año”: el haber viajado en subte y en colectivo, su fanatismo por San Lorenzo, su renuncia a las vacaciones de verano, su cercanía a los necesitados y a los enfermos, su predilección por besar y abrazar a quienes se le acercan. Lo que el antropólogo Gustavo Ludueña (Conicet-UNSAM-FLACSO) denomina el “ethos ascético” que caracterizaría su vida religiosa.
Toda esta orquesta de signos hace pensar que la efervescencia papal parece pasar más por los procesos de identificación nacional que por una identificación religiosa. “Sus gestos ya desde el inicio y un halo de humildad que rodea sus acciones tienen fuerza teológica por la densidad simbólica que tiene su investidura. Eso le da capacidad de influencia en las políticas vaticanas y también en el imaginario de los fieles –indica Pablo Wright, antropólogo especializado en religiosidad popular e investigador independiente del Conicet–. Para el caso de América Latina y la Argentina, desde su elección ya hubo una corriente de identificación de los fieles con un papa venido de la región, que ‘entiende nuestros problemas’, ‘que es humilde’, y ‘que va a cambiar las cosas’. Palabras más, palabras menos, esto se escuchó a través de todos los medios de comunicación gráficos, radiales, televisivos y por las redes sociales. O sea, dentro del mundo católico latinoamericano, sobre todo entre la gente, hubo simpatía, orgullo nacionalista en el caso argentino y también la buena dosis de humor en donde asombraba que uno de los mitos ideales argentinos, el ‘tener un Papa argentino’, se hubiera cumplido históricamente”.

El mercado religioso
Desde la mirada de la antropología de la religión, el catolicismo sufre desde hace varias décadas del asalto de una variada oferta religiosa, en lo que el filósofo estadounidense John D. Caputo llama “el mercado religioso”, allí donde florecen nuevas maneras de creer, con símbolos y rituales propios: de los herederos de la contracultura de los 60 a movimientos religiosos orientales como la Soka Gakkai y Sukyo Marikari, el culto al Gauchito Gil, cultos neopentecostales como la Iglesia Universal del Reino de Dios, de origen brasileño, o el movimiento Tenrikyo con gran cantidad de adeptos en Japón, todos ellos movimientos neoespiritualistas que se adaptan a los nuevos estilos de vida de la población.
Es un signo de época: las religiones institucionalizadas pierden peso. Las nuevas religiosidades, así vistas, ponen de manifiesto que en las sociedades modernas la religión no desaparece, se transforma.
“Por eso hablar de resurgimiento de la religiosidad no sería exacto desde el punto de vista antropológico. Pero si hablamos del catolicismo, ahí sí se podría pensar que la elección del papa Francisco pueda dar nuevas energías al complejo mundo católico, tanto en lo institucional como en lo popular –advierte Wright–. Ya observamos las nuevas dimensiones del espacio ritual frecuentado por el entonces cardenal Bergoglio que ahora se están transformando en casi santuarios y lugares de devoción. Este redimensionamiento del espacio también puede darse en el plano de acciones litúrgicas, peregrinaciones, acciones de caridad, organización de la juventud, y nuevos bríos a la evangelización. Pensemos que esto es lógico para quien es católico, pero para quien no profesa la religión tiene el peligro del etnocentrismo: instalar la idea de que mi verdad (católica) es la única verdad legítima y posible. Así hay que pensar muy bien qué efectos podría llegar a tener un resurgimiento católico dentro de un mundo plural y donde supuestamente hay libertad de culto.” Supuestamente.
En términos de exposición y de consumo masivo, el papa Francisco es tanto hijo del siglo XXI como lo es el cantante surcoreano PSY. Su imagen se difunde en el panorama mediático y repite como un virus, en una era en la que las creencias luchan entre sí en busca de nuevos consumidores. Instituciones adoctrinadoras de la imaginación, las religiones no se reinventan: se rehacen como lo hace cualquier otro género literario.
Ya lo asegura la escritora británica Karen Armstrong en su libro En defensa de dios : el sentido de la religión , el auge de la espiritualidad en el siglo XXI –¿acaso un regreso a la oscuridad irracional?– puede ser entendido no tanto como un intento para llenar los vacíos de la comprensión –¿de dónde venimos? ¿Adónde vamos?– sino, más bien, como un reflejo, una reacción: una consecuencia psicológica de nuestros tiempos de decepciones políticas, desesperaciones económicas y anemia cultural. La religión y su discurso tranquilizador y mágico abren un refugio frente al caos cotidiano de nuestra realidad. Ofrecen anestesia para la supervivencia. La papamanía es el síntoma de un mundo aún dominado por ángeles y demonios.

http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/nuevo-mito-llamado-Francisco_0_959304070.html