lunes, 18 de octubre de 2010

Dos historias y algunos puntos en comun.

El pasado 13 de Octubre, a 38 años de nuestro accidente en la Cordillera de Los Andes, los 33 mineros chilenos fueron rescatados sanos y salvos. Periodistas y medios de todas partes del mundo me contactaron, no para comparar las historias que dicho sea de paso poco y nada tienen en común, sino para hablar de lo difícil que puede ser dejar el anonimato y enfrentar la fama repentina y no buscada. 

Más allá de lo que les depare el futuro, es importante aclarar y debo decirlo, que lo que les pasó a los mineros fue una “desgracia con suerte” y es que no considero que los mineros hayan vivido un milagro, de la misma forma en que considero que nuestra  historia de los Andes tampoco lo fue.
Quizás lo más complicado para los mineros fueron los primeros 17 días de incertidumbres y miedos, porque después de que los encontraron tuvieron apoyo psicológico, agua, comida, medicamentos y fundamentalmente contacto directo con sus familiares. A esto se le agrega que para suerte  de  la humanidad, no tuvimos que lamentar muertos ni heridos.  Pensándolo bien, quizás lo más complicado para estos 33 héroes recientes esté por venir…

La exposición será evidentemente mayor a la que vivimos nosotros porque la cantidad de medios hoy es muchísimo mayor, cubrieron el hecho 1200 periodistas en Copiapó. Los mineros se enfrentaron y se enfrentarán en los próximos días a una exposición pública de brutal dimensión, y es que en definitiva se crearon expectativas a largo plazo. Fue un milagro con horarios y con asesor de imagen y prensa;  los mineros parecían hasta ordenados para salir del pozo, moverse y saludar. Fueron preparados para enfrentar la prensa y para hablar en público, ellos sabían que el mundo entero estaba pendiente de ellos y esperándolos… sabían lo que vendría.

Cuando nosotros fuimos rescatados, a pesar de que no nos esperaban porque hacía dos meses que nos daban por muertos, también estaban todos los medios de la época y totalizaban alrededor de 60 o 70 periodistas, un número que parece insignificante frente a los 1.200 de Copiapó pero lo que vivimos por ese entonces significó una  exposición enorme,  y dada nuestra corta edad, las cosas se complicaron aún más.  A  pesar de la poca experiencia que teníamos y la falta de asesoría, en todo momento nos mantuvimos unidos y ello explica la coherencia aún vigente luego de 38 años.

Volviendo lo que tendrán que enfrentar estos 33 mineros, creo que lo más importante es que  conserven la unidad para encarar el futuro. Si cada uno de ellos se separa del resto del grupo y  emprende el camino por su lado, enfrentarán las consecuencias de ello.  Algunos de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes ya los asesoraron para que mantengan al grupo cohesionado. Acá hay una historia y seguro la misma tendrá sus repercusiones, habrá que esperar y ver…

Lo más positivo de este caso parece ser que por primera vez prensa del mundo se alineó detrás de una historia por la vida. Fue una de las pocas veces en que  todos se alinearon  tras una buena noticia. Generalmente, es la muerte la que convoca este tipo de atención. Acá toda la sociedad y los medios de comunicación se alinearon en una historia en la que no hubo ni un sólo herido.
El mundo entero puso a disposición de Chile sus especialistas y tecnología y es que  Chile es un país de decisión: cuando tuvieron que atravesar la frontera argentina con sus helicópteros para rescatarnos, el gran Coronel Enrique Morel Donoso  lo hizo sin medir las consecuencias de cualquier índole.

No hay un manual para manejar la fama repentina o la reinserción a la sociedad, el mensaje  que puedo dar es lo que yo aprendí de mi propia experiencia: y es que el único camino para manejar la reinserción  a  la sociedad  y el manejo con la exposición pública  es el de la humildad, herramienta indispensable, que hizo que nuestra historia sea aún hoy  más  fuerte que antes.  Hoy, lo puedo decir con real conocimiento de  causa y en definitiva es lo que quiero transmitir.  


escrito por Carlitos Páez, Sobreviviente de Los Andes.



martes, 12 de octubre de 2010

Tabare choque entre dos culturas.

El tema novelesco de Tabaré es el siguiente: Tabaré, hijo de un cacique charrúa llamado Carace y de una cautiva española, ha recibido de niño la gracia del bautismo; ya mozo, ve a Blanca, hermana del conquistador don Gonzalo, y se siente intensamente atraído por reminiscencias de su madre muerta; luchan en él su alma bautizada y sus hábitos guerreros; salva a Blanca de los brazos de un indio, pero don Gonzalo cree que él ha sido el raptor y lo mata (.Anderson Imbert, Literatura Hispanoamericana)

En Tabare encontramos esa confrontacion de dos mundos, el del conquistador y el conquistado. Pero yo diria que en ese indio de piel cobriza y ojos azules, representa el choque cultural de las civilizaciones, y que el poema muesta la lucha de su alma bautizada con sus habitos guerreros, pero en realidad podriamos decir que es a la inversa que es una rivalidad entre su alma guerrera y el habito de una creencia impuesta.
El que las caracteristicas fisicas en Tabare sean distintas a su raza no es ajena a pensar que es el predominio de una sobre la otra y la violacion de un origen. Y para concluir este poema epico el protagonista muere asesinado, metaforizando el exterminio de un pueblo, dejando a un pais con un difuso y perdido sentido de identidad.. ( Rosana Araujo)

Fragmento del Poema epico" Tabare" del escritor uruguayo Juan Zorrilla de San Martin.

XII
Ahogada por las sombras,
la tarde va a morir. Vagos lamentos
vienen, de los lejanos horizontes,
a estrecharse en el aire entre los ceibos.
Espíritus errantes e invisibles,
desde los cuatro vientos,
desde el mar y las sierras, han venido
con la suprema queja del desierto:
con la voz de los llanos y corrientes,
de los bosques inmensos,
de las dulces colinas uruguayas,
en que una raza dispersó sus huesos;
voz de un mundo vacío que resuena;
raro acorde, compuesto
de lejanos cantares o tumultos,
de alaridos, y lágrimas, y ruegos.
El sol entre los árboles
ha dejado su adiós más lastimero,
triste como la última mirada
de una virgen que fuere sonriendo.
Cuelgan, entre los árboles del bosque,
largos crespones negros;
cuelgan, entre los árboles, las sombras,
que, como ayes informes, van cayendo.
Cuelgan, entre los árboles del bosque,
tules amarillentos;
cuelgan, entre los árboles, los últimos
lampos de luz, como sudarios trémulos.
La luz y las tinieblas, en los aires,
batallan un momento;
extraña y negra forma cobra el bosque…
La noche sin aurora está en su seno.
Y, cual se oyen gotear, tras de la lluvia,
después que cesa el viento,
las empapadas ramas de los árboles,
o los mojados techos,
brotan del bosque, en que el callado grupo
está en la densa obscuridad envuelto,
ya un metálico golpe en la armadura
capitán o de un arcabucero;
ya un sollozo de Blanca, aun abrazada
de Tabaré con el inmóvil cuerpo,
o una palabra, trémula y solemne,
de la oración del monje por los muertos.

TABARÉ

lunes, 11 de octubre de 2010

11 de octubre. Ultimo dia libre de América

Herencia Hispana en Estados Unidos

El legado de nuestra herencia hispana en los Estados Unidos es una jornada que comenzó hace más de 500 años con la exploración española en lugares como Florida y Nuevo México. Somos fundadores, y somos inmigrantes. Siete de los estados que ahora forman parte de esta nación, pertenecían a España y después a México. La mitad de la historia de este país está inmersa dentro de un bagaje cultural hispano.
El Congreso de los Estados Unidos designó en 1968 las fechas del 15 de septiembre al 15 de octubre como ‘El Mes de la Herencia Hispana’, mes en que se celebra y se reconoce no sólo la gran contribución de nuestra gente a este país, sino también nuestras diversas culturas y tradiciones.
La presencia hispana posee maneras de expresión que se hacen evidentes en las artes, la arquitectura, la música, el lenguaje y la cocina. Somos el segundo grupo étnico, después de los anglos. En más de 58 condados del país los hispanos son la mayoría.
El Mes de la Herencia Hispana es la única celebración que unifica a gente procedente de España, México, El Caribe, Centroamérica y Suramérica, con varios linajes raciales. Población con una aglomeración de culturas diferentes, que tienen puntos en común, pero que también tienen características y sutilezas propias.
El enfoque de esta conmemoración no sólo pone su mirada en el pasado, sino también en el futuro.

lunes, 4 de octubre de 2010

2 de octubre de 1968 no se olvida..

Paco Ignacio Taibo II

A lo largo de las semanas recientes he vuelto a contar mi versión del movimiento de 1968. Fuerzo la memoria, rasco en los recuerdos, intento interpretaciones, definiciones. He hablado en un mercado, en un tianguis de libros en la plaza mayor de Tlalpan, en una escuela. El espacio previsto está desbordado, hay gente sentada en el suelo, parados en las últimas filas. Los ojitos le brillan al personal; y no por mis dotes de narrador oral, sino porque estoy convocando a un fantasma.
No deja de sorprenderme el interés, la persistencia de la memoria, el atractivo del pasado reciente.
¿Cuántos años debes tener para ser veterano del 68? No menos de 55, y eso si eres un veterano junior y tenías 14 o 15 cuando se produjo el movimiento, como Luis Gómez, que estudiaba en una prevocacional, el miembro más joven del CNH. Pasas de los 60 si tenías más de 25. Habrá de aceptar que somos una generación desgastada por el paso del tiempo. Pero he visto a centenares de los veteranos en la reciente gran batalla del DF, los campamentos contra el fraude de agosto-septiembre del año pasado. Ruquitos pero rijosos.
Han pasado 39 años y como si lo trajéramos grabado en el ADN, no se olvida. Y este “No se olvida” se socializa. “No se olvida” es patrimonio nacional. No lo olvida el medio millón de estudiantes que lo vivieron ni lo olvida la nieta, que llegó a la vida 23 años después; ni Josué, que llegó al DF cuando el movimiento estudiantil se había extinguido; ni los estudiantes de CCH a quienes se lo han contado tan mal que piensan que Cueto y Mendiolea son nombres de calles que hacen esquina. Y generosamente no lo olvidan los supervivientes del movimiento ferrocarrilero del 58-59, que tendrían muchos motivos para que lo que no se olvidara fuera su gloriosa batalla, o los jaramillistas, o los electricistas del SUTERM, o los maestros de Oaxaca.
Nacidos para perder, pero no para negociar
El 68 no se olvida, es patrimonio de los mexicanos que han hecho de la memoria, falsa o cierta, memoria prestada u original, un recurso de orgullo para sostener la resistencia. Resumo para mí mismo: no se olvida, porque no nos da la gana. Y porque no queremos olvidarlo.
En otros países celebran las victorias, en México se celebra la honrosa derrota. En el país de la transa, el negociado tortuoso, la venta al por mayor de las nalgas y el alma, la traición como una de las bellas artes, el abandono de los principios por desidia, agotamiento o deudas múltiples de la renta, se festina la irredenta terquedad del golpeado que vuelve, una y otra vez, de la lona para ganar la gloria brevemente ante el marrano Estado que juega sucio.
Alguna vez propuse que nuestra coraza emblemática debería ser una camiseta que en la parte delantera llevaba la frase: “Nacidos para perder”, pero que en la espalda, con letras grandes, dijera: “Pero no para negociar”. La frase tuvo éxito, pero se la propuse a mis amigos, que no tienen idea de cómo grabar una camiseta.
Pero metámonos en el interior de la historia. ¿Qué es de los 123 días de huelga general estudiantil contra el gobierno de Díaz Ordaz lo que no se puede olvidar, lo que no queremos olvidar o lo que amablemente hemos olvidado?
No se olvida el 2 de octubre, la matanza, la conspiración, la sucia y asesina maniobra del gobierno para acabar con el movimiento. Y no se olvida por canallesca, porque ni siquiera la mancuerna Díaz Ordaz-Echeverría fue capaz de ir de frente a reprimir, tuvieron que construir una conspiración, crearon el Batallón Olimpia y sus francotiradores, les dieron órdenes de disparar contra una multitud desarmada en la que abundaban los adolescentes y los vecinos de Taltelolco, incluso dispararon contra el Ejército cuando tomaba la plaza para crear la cobertura (entre el saldo militar de Tlatelolco hay dos cadáveres, varios soldados heridos y un general balaceado en una nalga).
Las brigadas
Pero condenar al movimiento estudiantil y la huelga general a ser recordado por el 2 de octubre es de un reduccionismo patético. En la memoria colectiva está el 2 de octubre, pero también está el ataque al Casco de Santo Tomás por un batallón de la policía armado con rifles, la toma por el Ejército de la Ciudad Universitaria, los tanques confrontados por jóvenes que cantaban el Himno Nacional. Y también están las escuelas tomadas, los debates, las lecturas colectivas y, sobre todo, está el brigadismo, las grandes manifestaciones, las memorias de la solidaridad popular.
¿De dónde sacó su sabiduría organizativa el movimiento? Curiosamente de la necesidad de impedir que se creara una dirección reducida y que ésta se vendiera y negociara con el Estado en lo oscurito. De la experiencia del 66. El movimiento desde sus orígenes puso el poder en manos de la asamblea de la escuela y ésta nombraba a tres delegados al Consejo Nacional de Huelga, el CNH. Los delegados no eran permanentes, la asamblea podía removerlos cuando no estuvieran de acuerdo con las posiciones de la mayoría. La dirección del movimiento quedaba así depositada en una gran asamblea que no podía ser destruida por cooptación o represión, porque renovaba sus miembros al instante. Sabiamente el CNH cambió a lo largo del movimiento a sus oradores y a sus portavoces. Entre asamblea y asamblea en las escuelas existía un comité de huelga, de composición bastante flexible, que solía rondar por la docena de miembros. Por la base, el movimiento estaba organizado por brigadas y por comisiones que desaparecían cuando se acababa su misión. Las brigadas eran grupos de afinidad, generalmente pequeños, siete u ocho compañeros; a veces enormes, 20 o 30, que actuaban a su antojo, sobre todo en labores de propaganda. Miles de brigadas salían a la calle todos los días. Fue quizá el único momento en que la propaganda directa fue capaz de derrotar el inmenso poder del monopolio mediático que el poder construyó y puso frente a nosotros como si fuera un muro berlinense.
Lamentablemente la asamblea no incluyó a profesores ni a trabajadores que tuvieron que darse sus propias formas de organización dentro del movimiento, cierto es que los profes que se incorporaron lo hicieron lentamente y bajo tremendas presiones.
A los mitos no se les avienta tierrita. Somos muy generosos cuando giramos hacia nuestro pasado, se nos olvida el sectarismo que habíamos heredado de la vieja izquierda, las batallas absurdas entre el ala derecha y el ala izquierda del movimiento, que vistas al paso del tiempo no dejaban de tener razón y razones ambas. Se nos olvida la pobreza de nuestro lenguaje político; como en nuestras esquizofrénicas mentes que no se permitía que la parte del cerebro que contenía a Cortázar, la prosa del Che en los Pasajes... o los poemas de Benedetti, llegara a la otra parte del cerebro donde insultábamos a Díaz Ordaz y sus sabuesos. Se olvida el farragoso tedio de la asamblea, la duración interminable, las mociones continuas, el diálogo tartamudo. Pero la democracia es cabrona cuando los que no hablaban hablan. Decíamos de un camarada que era poema de Miguel Hernández, por lo de “el rollo que no cesa”, en alusión al Rayo de Miguel, y no era el único.
Afortunamente nos acordamos de los locatarios de los mercados que nos regalaban sacos de papas, de los aplausos en las puertas de las fábricas, de la solidaridad maravillosa y de alto riesgo de los maestros de primaria, de la entrega, la generosidad, el buen humor para enfrentar al totalitarismo priísta.
El 68 es el punto de partida, de ahí venimos. Una generación asume la voluntad de cambiar este país, la mexicanización de los hijos de la clase media expresada en la recuperación del Himno Nacional, y lo hace con la movilización social, la experiencia autogestiva, el descubrimiento de la ciudad y sus inmensos límites y fronteras, con la revolución cultural y, sobre todo, con un pacto a futuro.
De ahí millares de nosotros nos desparramamos por la sociedad construyendo y colaborando a construir movimientos democráticos sindicales, agrarios, universitarios, populares, culturales, profesionales.
¿Cómo se va a olvidar?
Al final de una de las conferencias una mujer me pregunta: “¿Y el miedo? ¿No tenían miedo?”
Mucho, le digo. Igual que ahora. Pero los miles que estaban al lado te querían tanto que te protegían y te quitaban las ganas de salir corriendo.

POSDATA: Mi hija también me pregunta que quiénes eran Mendiolea y Cueto y que por qué no hacían esquina. Tengo que ponerme pedagógico y contarle que básicamente no hacían esquina porque no eran calles, sino los jefes de la policía de la ciudad de México, cuya renuncia pedía el programa de los seis puntos, bandera del movimiento estudiantil. Y espero sinceramente que los panistas nunca ganen las elecciones en la ciudad de México, no vaya a ser que un día Mendiolea y Cueto sí hagan esquina.

"La Noche De Tlatelolco"