viernes, 5 de noviembre de 2010

Soledad

Siempre te imaginé parte del universo
rondando entre el sol y las estrellas,
imaginé que un día por sorpresa llegarías,
ya que hasta ahí, solo tu nombre conocía.

En un momento percibí tu sombra
traté de verte por la rendija de una puerta,
El temor me hacía buscarte con mirada esquiva,
Y cerré mis ojos para no enfrentarte.

Por evitarte hice pactos con mi mente
dejé de vivir lo que tocaba,
temblaba al pensar que te podría tener delante mío,
sin pensar siquiera que tu también algo bueno traes

Sé que vienes sin que te llamen

sin aparentar una tarea por hacer
llegas para llenar el vacio
con el sonido del silencio que dejas escuchar

Miedo das, al que no te conoce
triteza, al que no te ha entendido
sufrir al que te asocia con dolor
sabiduría al que aprendió contigo

Tu vacío llena de lecciones,
tu silencio cubre de música los oidos,
haces explotar un manantial de pensamientos
para entender donde está el mejor camino

Dichoso el que sabiamente te ha probado
porque tu sabor tiene un toque exquisito,
y en especial aquel que entiende que tu presencia
nunca va a adormecer aquello que debe estar vivo.

Escrito por un poeta de la vida pero impregnado por la magia de las musas del Parnaso.

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